sábado, 21 de noviembre de 2015

RECONOCEN OFICIALMENTE QUE EL DIARIO DE ANA FRANCK NO ERA UN DIARIO.

El dinero es lo primero, incluso antes que la Verdad y que la dignidad. Y en esa línea la Fundación Ana Frank (situada en Suiza para pagar menos impuestos, y dominada en su día por el padre de Ana Frank) que maneja el dinero de ese libro, mucho dinero porque es de obligada lectura en muchos países en todas las escuelas, se ha encontrado que los derechos de autor vencían a los 70 años de 1945, o sea este año.
Así que la Fundación acaba de hacer una reclamación oficial de derechos de autor indicando OFICIALMENTE que el padre de Ana Frank era co-autor de esos Diarios y por tanto deben contarse los 70 años a partir de la muerte del padre.
Esto contradice las declaraciones Otto Frank en el Prólogo al libro diciendo que el libro era exactamente ‘según copia oculta por Ana Frank en la empresa en Ámsterdam’.

Así declara no solo que mintió sino que el libro es una novela, y no un Diario. Nadie podrá ahora asegurar que parte es falsa, inventada, novelada, lacrimógena, escrita por un padre explotador para ganar dinero.
Esto es lo que todos los revisionistas han declarado siempre y han sido condenado a veces por decirlo.

SOBRE SUPREMACÍA MUNDIAL EUROPEA Y GLOBALIZACIÓN

SOBRE SUPREMACÍA MUNDIAL EUROPEA Y GLOBALIZACIÓN.
Por Alberich von Gotenvolk.

Estamos viviendo un tiempo de grandes paradojas.Nunca fue mayor,si
miramos bien,el triunfo de las ideas nacidas en Europa,de la
civilización europea y creadas por y para europeos.Y en pocas
ocasiones ha estado tan en precario la claridad del futuro de algo
así como una civilización europea.

Quiero proponer varios conceptos o elementos o polos de consideración
entorno a esto,como colores en la paleta de los cuales ir componiendo
la totalidad del panorama.
Está el Colonialismo.Está el Imperialismo.Está la Civilización
Occidental-con la modernidad de valor "universal"-.Y está la
Globalización.

El Colonialismo es el rostro de una última fase de ése
proceso,consustancial al Renacimiento,al Capitalismo,a la Era Moderna
y a la Supremacía mundial europea,que se inicia en el siglo XV,que se
opone a la Edad Media o bien realiza la acumulación medieval previa
de fuerza,por el cual diferentes potencias europeas-empezando por
Portugal y España-dominan las rutas comerciales del mundo,exploran el
globo entero,y se apropian de territorios a escala
mundial,constituyendo Imperios,donde los territorios de Ultramar se
configuran como subordinados a la Metrópoli en tanto Colonias,sean de
Explotación o de Poblamiento.En ambos casos se forman sociedades
coloniales distintas sustancialmente tanto de las existentes
previamente a la intervención europea,como a las metropolitanas.Este
proceso,teorizado varias veces,da en una última formulación
colonialista-paternalista a fines del siglo XIX ,con vigencia
remozada hasta la mitad del siglo XX.En esta formulación,grosso
modo "victoriana" y filantrópica,la colonización es un proceso
de "educación",y como tal es`´a destinado a tener alguna vez
fin,viniendo la "emancipación".De ese punto mismo de la última
formulación colonialista vino el anticolonialismo y la efectiva
Descolonización.No hay que decir que de ésa Descolonización surgió el
llamado "Tercer Mundo",primero amenaza a la hegemonía universal
europea y luego lugar de todos los horrores,fuente al parecer
inagotable de migraciones caídas sobre la propia Europa.Hay que
tener,creo,muy claro,que lo esencial de la colonización europea
reside en cómo canceló proyectos de humanidades autónomas-
civilizaciones-y cómo sojuzgó a potencias no europeas,menos fuertes o
antaño tan fuertes como para amenazar la propia Europa.La
colonización comporta sobre todo la realización de presión y fuerza
de la antigua Cristiandad sobre el enemigo islámico y turco,y el
dominio directo o indirecto sobre potencias fortísimas como la India
y la China.Supone la expansión directa de la extensión de "Europa" en
Siberia,y de su trasplante a América del Norte,Sudáfrica y
Australia.Supone la creación de una nueva civilización mixta en
América del Sur y la extinción como mínimo del rumbo propio de
numerosísimas tribus,etnias e incipientes culturas,barridas
completamente.Supone,en definitiva,la expansión física,ganancial e
ideológica de Europa sobre el resto del mundo,más intensa donde las
culturas fuesen más primitivas,menos intensa donde otras
civilizaciones rivales a Occidente se viesen sojuzgadas por la
civilización y la fuerza de Europa.El caso del Islam configura,en el
tema del colonialismo,caso aparte;como el caso del Japón.
Aquí existe la paradoja de cómo al descrédito del colonialismo
surgido de fuentes comunistas,de la Opinión europea marxistizante
cultural y sólo en última instancia de las ideologías nuevas surgidas
de las élites tercermundistas autoras de las independencias,se ha
sumado la demostración de la incapacidad de los regímenes
descolonizados de rendir siquiera al mínimo,cargando en el
colonialismo anterior ése fracaso de sus discípulos "evolucionados"
como un resultado ineluctable y casi inherente del colonialismo en
sí,"por no haberlos civilizado".Frecuentemente,se dan la mano las
ideas anticolonialistas con la acción neocolonialista de Estados
occidentales,instituciones y Organizaciones No Gubernamentales,por
las cuales los europeos,desde la base,tratan de "rtehacer" la
colonización "que debía haber sido".Casi nadie-ni los más
etnicistas "progresistas"-afirma el derecho de ninguna tribu a
permanecer ajena al mundo occidental,o su derecho a seguir su
evolución en la Edad de Piedra.(Dejando aparte la imposibilidad
de "volver atrás la película" de los acontecimientos).

El Imperialismo es un fenómeno viejo como la Historia.De hecho,Europa
desarrolló su modernidad y con ésta inherentemente el dominio
ultramarino,viniendo ya de un previo panorama de rivalidades de
bloques e imperialistas,en especial entre la Cristiandad y el
Islam.El Imperialismo moderno,sin embargo,si hacemos caso por un
momento a ciertos marxistas,es una "fase" del capitalismo,por la
cual,los poderes "burgueses",dominando ya sus mercados nacionales-
objeto último del nacionalismo visto desde el marxismo-necesitarían
de expansión externa,a costa de áreas "libres".Al concurrir diversos
actores capitalistas se producirían las rivalidades se producirían
las rivalidades típicas de la "fase" imperialista,culminando en
pugnas entre las potencias imperialistas-como entre Inglaterra y
Francia-,subbordinación de su desarrollo interno al hecho de poseer
un mercado ampliado en el Imperio,y al despojo directo bajo
apariencia diplomática o ideales de "ordenación mundial" o la "mejora
moral" de enteros continentes,como Africa en 1889.La última expresión
del "Imperialismo" sería la Guerra Fría,con el fuerte precedente del
Imperialismo dentro de Europa-rompiendo una "regla sagrada" desde el
siglo XVIII,y en especial después de Napoleón,tendente a la
estabilización de los Imperios ya existentes-del III REich
nacionalsocialista.Sin embargo,el Imperialismo no ha terminado ni
mucho menos con el fin de la Guerra Fría.Adquiriendo la fisonomía de
un "Nuevo Orden Mundial",la civilización anglosajona-desde un punto
de vista-y el Imperio Americano-desde otro-,se ha demostrado un
Imperialismo que ha campado después de 1990 por sus respetos
alterando el orden precdente como no se había visto seguramente desde
antes de la I Guerra Mundial,y asemejándose al cambalache general de
los quince años siguientes a 1945.

Puede argumentarse que cualquier país tiene derecho a defender sus
intereses allí donde estén,al modo clásico;y esto hace Estados
Unidos.El problema es que su volumen de fuerza convierte la "libre
competencia" por fuerza en monopolio.Así,sólo queda o tiende a quedar
un Estado Soberano:los Estados Unidos de América.

Las resistencias de Rusia y Europa van por el camino de la
llamada "multipolaridad" o "plurilateralidad";en realidad a una
competencia entre cuatro o cinco Imperios.De otro lado,tendemos a
ignorar que hay factores zoológicos y ecológicos que rigen incluso el
devenir histórico.En este sentido,el hecho de que los chinos sean
1000 millones ya es un desequilibrio imperialista poblacional
mundial,escorado a favor de China.Traducido a peso
comercial,estratégico y político,seguido de un teñido de la
Globalización de valores culturales chinos,el resultado puede ser el
dominio absoluto de la Humanidad por China,de valores absolutamente
opuestos a los de Europa y Occidente,llegándose a un punto en que la
civilización europea entera sólo sería-s´ólo habrá sido-el "medio"
histórico a la Globalización,luego hegemonizada por una civilización
más fuerte.El Imperialismo yanqui sólo habría sido la bomba atómica
necesaria para detonar la bomba de hidrógeno de la verdadera
dominación mundial por el pueblo que,bien mirado,zoológica y
ecológicamente,llevaba ya varios milenios haciendo méritos sobrados
para ello,por su estabilidad,cohesión,número e identidad consigo
mismo.

Toda la política y la ideología,incluso toda la potencia
económica,existentes,podrían sucumbir al desbordamiento de un factor
bruto precedente:el peso poblacional de un grupo de raza pura y
homogénea.Los "26 siglos de filosofía" habrían sido un simple soplo
ante el devenir lento,recto y seguro de la variedad de humanidad
Han,posiblemente descendiente de Homo Erectus sin las "desviaciones
viciosas" de Cromañón y Neanderthal,bases del Europeo,hacia la
consecución de la hegemonía planetaria,hacia la que habría tendido
todo grupo humano,hasta el más nimio,y no realizada por "mera" falta
de poder para consumarla,circunstancial.


Tenemos la "Civilización Occidental",en el concepto como se nos vende
hoy:como una flecha rectilínea hacia el
individualismo,subjetivismo,relativismo y liberalismo.Con
el "ejercicio mental previo" del Cristianismo,más que nada como un
pegamento y una purga "purificadores"-una especie de "navaja de
Occam" contra el sincretismo esotérico y el politeísmo-para los
Verdaderos Rumbos de Occidente,identificados a la Civilización
Moderna,Liberal,cuyo máximo logro espiritual operante el "Contrato
Social" de Rousseau y la Revolución Burguesa;con el Desarrollo
Teconológico,científico e industrial.Por supuesto,la "Civilización de
Occidente" es más que éso.Sólo hay que ver cómo a la Modernidad se
opone la Tradición,al Protestantismo el Catolicismo,a lo Anglosajón
el Germanismo;a Occidente,Oriente(Rusia).Al triunfo del Liberalismo
en 1914-1945 el posible triunfo del pangermanismo,culminado en la
ideología nacionalsocialista y fascista.Incluso vemos,ante el "Mundo
Libre",el Mundo Socialista,o Comunista Real,ya desaparecido,con
valores igualmente occidentales,alternativos al Liberalismo.Creo sin
embargo que poco diferencia a Liberalismo y Comunismo en sus efectos
últimos en relación a la Supremacía mundial europea:ambos terminan
por ser modos de pensar "universales"(desarraigados) que,al imponerse
a otros pueblos,se les regalan;detonando en varios casos el despertar
de otras civilizaciones rivales con ésa "nueva pólvora" o "nuevo
estímulo".El "Mundo Libre" ha amamantado el Renacimiento del Islam.El
Comunismo amamantó la China Roja,Dictadura de Desarrollo que colocó a
China donde hoy está,capaz de competir con todo el resto del mundo no-
chino,y con posibilidades,a largo plazo,de quedarse como único actor
en el tablero.

Europa difundió,en América del Sur,el régimen foral y concejil
español,cosechando la Independencia;en Africa,las ideas occidentales
universales,todas ellas,cosechando el caos de la Descolonización y a
la postre la Avalancha Poblacional que amenaza con desnaturalizar
Europa hasta el punto de asegurar su derrota esencial y su
incapacidad para aparecer como actor en tablewro alguno.No cabe duda
de que una Europa mestiza,con minorías blancas casi reducidas a
curiosidades étnicas en regiones aisladas,quedando el estándar de "el
ciudadano del Sistema" definido por una ciudadanía mestiza y de
ideología aún más cxaótica que la raza,no tendría nada a hacer frente
a una China homogénea racialmente y culturalmente.

Las ideologías actuales creen que la política puede basarse
en "golpes de borregada" a un lado u otro-lo que se
llama "democracia"-,independientemente de valores intangibles
absolutamente necesarios para solidificar la vida y hacerla
fructífera y estable.Creen que los "valores" forman parte del look,y
el look debe quedar al arbitrio de tendencias caóticas-o manejadas
entre bambalinas-.Y que sólo son sagradas las formalidades y
normativas,que en el 100% de los casos sólo son cortinas encubridoras
de la verdadera constitución política de los Estados
Occidentales,desde luego menos mostrable,pero que así,ocultándola,se
hace incriticable y casi impensable.En realidad,es al revés:cómo se
llenen los cuadros de la sociedad es lo demos,lo importante es cierta
coherencia,pertinencia y asentimiento general que la sociedad dé,en
su Consciencia Y EN SU INCONSCIENTE,al orden establecido.En este
sentido es impagable el papel de la religión como "médium" entre lo
formal consciente y lo antropológico-racial-étnico-zoológico-
ecológico.Lo que el Romanticismo Tradicionalista y Nacionalista
llamaría "el Sentimiento".Las formas de la coherencia de valores de
una sociedad acaso pertenezcan a la mecánica de los flúidos.un
valor "bueno" racionalmente,no operante,es nulo.Un valor
más "repudiable",pero capaz de penetrar todos los entresihjos y
llenar todos los "agujeros de Gruyére",es operante,y como tal,es por
tanto políticamente bueno.En definitiva,lo que el sentido común nos
dice es que el vulgo no va a adoptar la física cuántica como modelo
de contemplación del mundo.NI TAMPOCO NINGUN FISICO.La filosofía que
vale es la que se revela que movió,como evidencias operativas,el
actuar de todos y cada uno de los días de su vida,del filósofo.No la
que escribió.Lo que vale es si mi cuerpo se preparó para combatir,no
lo que con palabras y a posteriori pueda argumentarle al juez sobre
si "era ocasión o no",o "si había riesgo o no"."Porque me miró" es un
argumento risible en el Hablar;no en la Vida,en la Acción.En la Vida
Real,una Mirada determinada merece la muerte.Una sombra merece una
ráfaga.Un andarín se orienta sin mapas.

Consecuencia de la "Civilización Occidental" es el Universalismo.Este
es su mayor mérito y también su peor defecto.En cualquier caso,en el
plano operante,el Universalismo tan preciado de la Civilización
Occidental va a llevarla a la extinción.Primero,porque en su nombre
se ha autocriticado a sí misma a muerte en una cultura del siglo XX
autoliquidacionista y quejumbrosa.Después,porque ha reducido toda
su "carga" a "una formalidad",tan universal que termina por estar
vacía e incluso oponerse a aquello que se defendía con esa
formalidad,aquello con lo cual se han cortado minuciosa y
deliberadamente todos los lazos,dejando a la formalidad funcionar
como un fantasma en el vacío.se ha buscado reducir y comprimir cada
vez más lo verdadero-formal hasta dejar "aquello" otro necesitado de
OTRA FORMALIDAD PARA SER DEFENDIDO.

Por eso a la Postmodernidad ha seguido un auge del neofascismo.El
neofascismo,como el fascismo,no nos engañemos sin embargo,es también
un modernismo,un salto-nihilista-en el vacío,un corte con algunas
raíces,un RENEGAR.(1)La modernidad liberal requiere del adepto cortar
sus lazos con "aquello" otro;el fascismo romper los lazos con el
medio liberal en que uno se ha formado.La Tradición es otra cosa.La
Tradición formalizada termina por ser otra cosa distinta,otra
ideología,otra modernidad.¿Es necesariamente el Hombre Europeo,el
Hombre Occidental,un Ser Atradicional,pese a vanagloriarse de poseer
la Unica Tradición Estimable,que generosamente ha Impuesto y REgalado
a los demás?.Hay cien corrientes subterráneas que unen hasta a los
pilares del linberalismo-Occam,Lutero,Montaigne,Bacon-con su
tradición propia,dejando un espacio para alguna "naturaleza" no
atacable por la crítica-liquidadora por naturaleza-y por tanto base
necesaria de la acción en que se sustenta ésa crítica.Es preciso usar
el Sentido Común para ligar Consciente e Inconsciente,Tradición y
Práctica,Conservación y Renovación.Y ello ha de ser posible FUERA del
estado actual del mundo,en que a la concurrencia de civilizaciones e
imperios rivales se une LA LIQUIDACION DE TODO COMO NORMA,en una
Diarrea Universal.Una,ésta bien política y
real,"Diseminación",o "Implosión-Explosión"(derrumbe hacia
adentro;autodemolición;RENDICIÓN)del contenido,del "aquello" otro,de
la Civilización Occidental.

Hemos sin embargo de ser radicales en cuanto al abordaje de la
cuestión poblacional en Europa.La MOdernidad ha de ser apartada como
un VElo,como una "Maya",que nos puede estar impidiendo ver fenómenos
sociales,políticos y valorativos,esenciales.La sustitución de
población no puede ser un hecho inocuo.La fractura del Consenso
Nacional-el de verdad,tradicional-de los pueblos nacionales de
Occidente,no puede ser inocuo.Es suicida verlo como inocuo.La
exclusión del linaje de valores únicamente útil y práctico-en Sentido
Común-ante el problema planteado,para proseguir con una escisión
artificial por "ideologías",ignorando la única escisión esencial,que
es étnica-identitaria,es desde luego pernicioso.

El Universalismo Occidental se ha traducido en Mundialismo,llamado
después Globalización.Este fe´´omeno es por un lado estructural,por
otro moral y político.Es bien cierto,demasiado cierto,que la
Globalización está alentada por unas pocas minorías anacionales y
enemigas de toda nación,bien basadas en la nación más fuerte
actualmente-como emigrarán a otra en cuanto surja-,que tienen el
descabalado designio de "terminar con el Mal en el Mundo borrando las
causas del Conflicto:la Testosterona,la Familia,las Naciones y la
Dignidad Humana arraigada en Valores Reales".No sólo implica,a la
larga,la creación de un nuevo tipo humano,que comparado con el Hombre
conocido desde hace 40.000 años o más para acá,será un subhombre,sino
que,antes,y quizás impidiendo la consecución de la Gran Obra
llamémosla "de Grado 33" como mera broma,la introyección de las
diferencias humanas por naciones-naturales y de derecho natural-en el
seno de un centenar de unidades anacionalizadas todas ellas mixtas y
heterogéneas,reproducirá las guerras internacionales como guerras
comunitarias dentro del nuevo modelo de "nación plural"(ex
nación),desarrollándose éstas al margen de cualquier derecho de
guerra,y pudiendo obrar la Autoridad Imperial siempre y en todos los
casos como "Policíua",pues no existirá "el Extranjero",englobado todo
el planeta en el "Nuevo Orden Mundial".Nunca en toda la HIstoria-ni
entre los crueles Asirios-ha existido tanta crueldad como se da en
los grupos mafiosos y grupos de poder establecidos actuales.La
diferencia es que el derecho internacional original reconocía la
enemistad,reconocía a "uno y otro".El Nuevo Orden Mundial sólo
reconoce a Uno.No hay Otro.Y como el Otro no tiene Derecho alguno-e
incluso es súbdito propio-,se le puede aplastar.Ni el derecho natural
más salvaje ha llegado nunca a los extremos a que ha llegado el
Estado moderno "tapando" los verdaderos derechos inherentes al
hombre.Incluso cuando la tortura era judicial y se descuartizaba a
reos,existía más libertad y humanidad que en el Estado Moderno,que
pretende "convencer" en primer lugar,no contentándose con "vencer".El
derecho natural queda así vulnerado.

Los conflictos están ahí,tozudos.No debiera jamás haberse llegado a
ésto.Pero se ha llegado.Los conflictos son inevitables,y la opción
leal es reconocerlos.La opción desleal es decir que no existen.

---Nota(1):Hitler odiaba al Imperio Austro-Húngaro y a su "káiser"
Francisco José;cuando mataron en Sarajevo al heredero del Imperio,
Francisco Fernando,creyó-pues lo justificaba-que había sido obra de
alemanes austríacos(como se lee en "Mein Kampf");renunciando a su
nacionalidad austríaca,se convirtió en apátrida y tuvo que
nacionalizarse alemán para poder presentarse a las elecciones;y en
relación a Alemania,si bien súbdito gustoso del rey de Baviera y del
emperador de Alemania,sin embargo Hitler no restauró al Káiser por
antonomasia,Guillermo II,vivo y exiliado en Holanda al ganar Hitler
las elecciones en 1933.Al invadir Holanda en 1940,no visitó al Káiser
y prohibió la presencia de soldados alemanes en el pueblo en el que
vivía el Káiser,único pueblo holandés así no ocupado.Sin embargo,se
apoyó en Ludendorff(con el que dió un golpe de Estado fallido en
Munich en 1923),Hindenburg(que le nombró canciller) y el Kronprinz
imperial alemán,con cuya presencia contó para su ascenso político.De
otro lado,Hitler persiguió a Otto de Habsburgo,"el que debiera ser
emperador de Austria y rey de Hungría",que trataba de rehacer su
primacía con un movimiento político paneuropeo:Paneuropa,y que tuvo
que huír a los Estados Unidos).

BANQUEROS Y LADRONES




El escritor y periodista israelí Israel Shamir denuncia la virtual
incautación de los fondos de víctimas del Holocausto para el
financiamiento de la política israelí y el enriquecimiento personal
de los gestores. Entre estos se encuentran políticos y hombres de
negocios, alguno de los cuales fue mecenas del ex presidente
Clinton, que intercedió ante la banca suiza para que les entregara
bienes de depositantes judíos fallecidos. Según la investigación,
una comisión internacional creada por el magnate Edgar Bronfman y el
dirigente laborista Abraham Burg, quien disputó recientemente la
presidencia de su partido, se habría apoderado de gran parte de esa
riqueza a través de asociaciones fantasmas. Un año después de la
publicación del libro que puso al descubierto tales maniobras, están
apareciendo nuevos detalles, jugosos e inesperados, sobre este
sórdido complot. Si llegaran a confirmarse, estaríamos ante el
atraco más importante perpetrado durante todo el siglo XX.



El sábado 13 de octubre de 2001 el periódico The Times publicó la
siguiente noticia: "El dinero del Holocausto judío era un mito". Con
ello se bajó definitivamente el telón de uno de los dramas más
absurdos y odiosos de robo y pillaje. Todo empezó en 1995, cuando
dos importantes caballeros, Edgar Bronfman, presidente del Congreso
Judío Mundial, y Abraham Burg, en aquel entonces una estrella
ascendente de la política israelí, hicieron una visita a los bancos
suizos con una misión humanitaria. "Tienen ustedes miles de millones
de dólares depositados por los judíos antes de la Segunda Guerra
Mundial", dijeron. "Queremos que se nos devuelva ese dinero de
inmediato, ahora que los supervivientes del Holocausto judío todavía
están vivos. Dejemos que disfruten de una relativa tranquilidad
durante los últimos años de sus vidas". Bronfman y Burg eran ese
tipo de hombres a quienes cualquier banco o compañía de seguros
escucha con atención.

Edgar Bronfman heredó sus millones de su padre, Sam, un capo mafioso
que amasó su fortuna mediante el tráfico ilegal de alcohol en
Estados Unidos: durante la Ley Seca lo destilaba en Canadá y lo
pasaba de contrabando con la ayuda de su banda de gangsters a través
del lago Ontario. Pero Sam Bronfman ganó incluso más dinero como
prestamista. Poco antes de su muerte, un reportero le preguntó que
cuál era el invento más grande de la historia.

Fiel a sí mismo, contestó que los intereses de los préstamos.

El capital obtenido con el crimen y esquilmado a los deudores puede
servir en el mundo de la política. También en la política judía,
puesto que no es preciso que a uno lo elijan para convertirse en una
figura importante. Sólo hace falta alquilar dos habitaciones en un
edificio de oficinas, colocar en la puerta un letrero de la
Asociación Judía Mundial o de la Organización para la Liberación
Judía y, sin más, ya forma uno parte del negocio. Esos títulos no
están registrados. El Congreso Judío Mundial de Bronfman era
exactamente eso: una minúscula compañía con un nombre ostentoso.
Antes de la llegada de Bronfman contó con algunos presidentes
paternales y afables, tales como su predecesor, Nahum Goldmann, pero
la organización no iba a ninguna parte ni cortaba realmente el
bacalao. En cambio, con el inmenso capital de Bronfman se convirtió
en una estructura de poder.

Avrum (Abraham) Burg, portavoz de la Knesset (Parlamento) israelí y
candidato a la secretaría general del Partido Laborista de Israel
(este año perdió los elecciones internas a manos del actual ministro
de Defensa, Benjamín Ben Eliezer), es hijo del doctor Burg, un
importante político -líder del Partido Religioso Nacional- que fue
ministro durante cuarenta años, hasta el día de su muerte, de todos
los gobiernos de Israel. Su retoño Avrum ya había dado una nota en
falso en el programa ABC Nightline del 2 de agosto de 2001, cuando
describió a los palestinos como "gente con la que a uno no le
gustaría casar a su hija". Avrum Burg necesitaba un promotor para
avanzar en la política, mientras que Edgar Bronfman necesitaba un
socio digno de fiar para llevar a cabo su plan.

Ningún banco o compañía de seguros podía negarse a unos caballeros
tan importantes. Tras una breve resistencia, los enanos suizos
cedieron y los dirigentes titulares del pueblo judío se largaron con
un montón de dinero en los bolsillos. "Estos judíos quieren robar
nuestros bancos y nuestras compañías de seguros en nombre de su
holocausto", probablemente pensaron los banqueros, echando humo de
indignación. Pero estaban equivocados. Esta historia, que empezó
como un cuento de hadas, siguió luego al pie de la letra el guión de
cualquier película de atracos. Pasaron seis años y prácticamente
ningún dinero salió de las magnánimas bolsas de las comisiones
internacionales creadas por Bronfman y Burg. Los supervivientes del
Holocausto no recibieron casi nada y el capital pasó a ser propiedad
de quienes exigían justicia para las víctimas.

En fechas recientes, el respetado periódico Los Angeles Times
afirmó: "Al parecer una comisión internacional, creada para resolver
las disputas relativas a los seguros de los tiempos del Holocausto,
se ha gastado más de treinta millones de dólares en salarios,
facturas de hotel y anuncios de periódicos, pero sólo ha distribuido
tres millones a los demandantes". Los miembros de la comisión
convirtieron ésta en una agencia de viajes de lujo y en un centro de
recreo, continuaba el Los Angeles Times: "Los documentos muestran
que desde 1998 la comisión ha organizado al menos dieciocho
reuniones de hasta 100 participantes en hoteles de Londres,
Jerusalén, Roma, Washington y Nueva York". En cuanto a la
indemnización en compensación por el trabajo de esclavos durante la
época nazi, The Independent informó que "mientras que las víctimas
del Holocausto recibirán (quizá) entre 2.500 y 7.500 dólares
norteamericanos, cada uno de los abogados "judíos" que negociaron el
arreglo cobrarán más de un millón".

Asimismo, The Times afirmó que los bancos suizos, tras verificar las
cuentas bancarias inactivas, se encontraron con que ni siquiera
pertenecían a las víctimas judías del Holocausto, sino
principalmente a "gente rica no judía que se olvidó de su dinero".
Los suizos no entregaron mil quinientos millones de dólares
norteamericanos a Bronfman y Burg porque estuviesen convencidos de
sus reclamaciones, sino porque no tuvieron otro remedio, ya que
Bronfman (junto con Mark Rich) era entonces un importante mecenas
del presidente Bill Clinton, y Clinton seguramente los obligó a
hacerlo, so pena tal vez de bombardear a Suiza.

Algunos aspectos de esta historia empezaron a aflorar a la
superficie en Holocaust Industry (La industria del Holocausto), un
libro bestseller de Norman Finkelstein, profesor de la Universidad
de Columbia, en Nueva York. Finkelstein se oponía en él a los
métodos extorsivos de las organizaciones judías. Éstas lo acusaron
de mentiroso y de antisemita. Ahora, un año después de la
publicación del libro, están apareciendo nuevos detalles, jugosos e
inesperados, sobre esta sórdida maniobra. Si llegaran a confirmarse,
estaríamos ante el atraco más importante perpetrado durante todo el
siglo XX. Al parecer el profesor Finkelstein se equivocó en varias
cosas: para decepción de quienes odian a los judíos, las víctimas
del atraco fueron no solamente los bancos y las compañías de
seguros, sino también gente ordinaria de origen judío. Para regocijo
de quienes aman a los judíos, los atracadores eran los
autodenominados líderes judíos que decían representar al pueblo
judío.

Un banquero honrado

El hombre que hizo este descubrimiento es muy diferente del profesor
neoyorquino Finkelstein. Martin Stern es un rico hombre de negocios
británico, muy implicado en bienes raíces, así como en causas judías
y sionistas. Trabaja en Londres y pasa los fines de semana en su
amplio departamento del barrio ortodoxo de Jerusalén. No se pierde
una sola oración en su sinagoga, hace obras de caridad y ama a
Israel. Fue su encuentro casual con un banquero suizo en Villar, un
prestigioso enclave de los Alpes suizos, lo que puso en marcha la
maquinaria de las reclamaciones del Holocausto. El banquero le contó
a Stern una pequeña historia muy interesante. Su banco, Union Suisse
(USB), informatizó sus archivos en 1987 y descubrió muchas cuentas
inactivas desde 1939. Los gestores del banco llegaron a la
conclusión de que unos cuarenta y cinco millones de francos suizos
(treinta millones de dólares) de depósitos probablemente pertenecían
a los judíos que fallecieron durante la guerra o después de ésta.

"Como no queríamos quedarnos con dinero ajeno -dijo el honrado
banquero suizo-, nos pusimos en contacto con el Congreso Judío
Mundial y les pedimos que nos ayudasen a encontrar a los herederos
de aquellos fondos, pero el Congreso nos respondió que eso no era
asunto suyo." Los suizos, desdeñosamente, transfirieron el dinero a
la Cruz Roja. Martin Stern se sintió conmovido por la historia y la
contó en la radio israelí. Dos semanas después de la emisión, "como
por casualidad", Bronfman y Burg llamaban a la puerta de la
Corporación de Bancos Suizos exigiendo el dinero. Tal como se ha
dicho más arriba, lo obtuvieron, pero se lo quedaron para sus
propios fines. Martin Stern se sintió implicado y siguió el
desarrollo de la historia.

Se sentía cada vez más intranquilo por la manera en que el dinero
del Holocausto estaba siendo administrado. Aparte de sus propios
salarios, el comité de reclamaciones desembolsó cuarenta y tres
millones de dólares en bolsas de comida para los judíos rusos. Ni
Bronfman ni Burg habían mencionado este asunto cuando fueron a los
bancos suizos a exigir que se acelerasen los pagos a los
supervivientes, a los propietarios del dinero.¿Habían cambiado de
planes?

Por circunstancias familiares, Stern se puso en contacto con la
compañía de seguros Generali. Antes de la Segunda Guerra Mundial, la
Generali era una compañía muy importante, propiedad de judíos
italianos. "En aquel tiempo muchas compañías de seguros estaban en
manos judías y funcionaban como pequeños bancos privados", explica
Stern. La Generali tenía muchos bienes en Palestina, así como en los
Balcanes y en Italia. A pesar de la guerra, del fascismo italiano y
del Holocausto, la Generali retuvo su conexión judía. Sus directivos
no quisieron seguir el ejemplo de los suizos y de los alemanes y
negaron cualquier conocimiento de las pólizas anteriores a la
guerra. Stern investigó por su cuenta y riesgo y logró encontrar el
lugar secreto donde los directivos de la Generali guardaban las
pólizas anteriores a la guerra, enterándose entonces de que la
compañía era deudora de enormes sumas de dinero a los herederos de
sus asegurados. Su descubrimiento forzó a la Generali a enmendar la
plana, por lo que aceptó pagar, compensando personalmente a los
beneficiarios.

La fortuna de los intermediarios

Ahora bien, si los fallecidos no hubieran sido judíos, sus herederos
hubiesen cobrado el valor de las pólizas en la compañía de seguros o
en un banco. Pero, tal como el lector ya habrá sospechado, nosotros
los judíos somos diferentes. Lo somos porque padecemos un mal
endémico que se llama ingenuidad, y por eso aceptamos tener un
intermediario -los líderes judíos- a la hora de negociar con el
resto del mundo, mayoritariamente gentil.

A partir de 1950, los líderes judíos hicieron una fortuna como
intermediarios, ya que las compensaciones no fueron a parar a los
herederos y a los supervivientes, sino a las pegajosas manos de los
líderes. Los judíos israelíes estaban obligados a recibir las
compensaciones y las pensiones a través del gobierno de Israel,
mientras que los judíos europeos recibían el dinero directamente de
los gentiles. Aunque parezca mentira, los supervivientes que
recibían los pagos de manos judías siempre obtenían menos, a veces
mucho menos. El Estado judío, los bancos judíos y las organizaciones
judías ganaban un porcentaje en cada transacción y no se privaban en
absoluto. Cuando Israel sufría de una elevada inflación, las
pensiones de los supervivientes estaban siempre indexadas a la baja.
Los bancos no transferían los fondos a tiempo.

Cuando empezó la afluencia de judíos rusos a Israel, los líderes
judíos llegaron a un acuerdo con Alemania para que costease a los
supervivientes. La parte del león de los fondos desbloqueados por
los alemanes permaneció en manos de las organizaciones judías, los
intermediarios y otros negociantes.

Todo aquel que se fió de nuestros propios hermanos terminó bien
jodido, ya que el pasatiempo favorito de los bandidos judíos, de los
banqueros judíos y de los líderes judíos consiste en robar a otros
judíos. Una persona cínica diría: la idea de Pueblo Judío es de por
sí el mejor invento de tales canallas. En tiempos de nuestros
abuelos no funcionaba así, ya que cualquier judío estaba al
corriente de que un facineroso judío era capaz de robar a otro judío
con mayor celeridad -a la velocidad del rayo- que a un gentil. Pero
ahora nos hemos olvidado de esa importantísima noción.

El Fondo Generali

Una vez que Martin Stern encontró las pólizas, la compañía de
seguros Generali aceptó cooperar y pagar. Pero los políticos
israelíes y judíos deseaban permanecer en el terreno de juego.
Negociaron una indemnización fija con la Generali en nombre de los
beneficiarios judíos de las pólizas. Se trataba de una idea absurda,
pues los judíos, ya sean un grupo religioso o étnico, aseguran sus
vidas como personas privadas. Más aún, nunca dieron poderes a los
políticos israelíes para representarlos. Pero estos negociaron la
indemnización, recibieron cien millones de dólares, les pusieron el
nombre de Fondo Generali y empezaron a gestionarlo como si fuese
suyo. En junio de 2001, de 1250 solicitudes de información recibidas
sobre las pólizas, el Fondo Generali había respondido sólo a 72. Los
beneficiarios eran mareados a derecha o a izquierda, a menudo los
rechazaban sin razón alguna o incluso no recibían respuesta.
Desesperados, llamaron a la puerta de los italianos, que les pagaron
de inmediato. Esto es una prueba adicional de que nosotros, los
judíos, necesitamos intermediarios judíos tanto como un pez necesita
un traje de baño.

Al mismo tiempo, los administradores del Fondo efectuaron 270 "pagos
humanitarios ex gratia": enviaron bolsas de comida a los judíos
rusos para atraerlos a Israel. Estoy seguro de que la compañía
Generali se sentiría muy feliz de alimentar a los judíos rusos y de
incrementar su celo sionista, pero ¿por qué los políticos israelíes
no lo hicieron mientras negociaban el arreglo?. Martin Stern
descubrió que los administradores del Fondo hacían frecuentes viajes
a Italia a expensas del Fondo y, cuando eso les parecía poco, no
dudaban en exigir pagos sustanciales a la compañía Generali.

El problema cruzó el océano y los reclamantes norteamericanos
descubrieron que sus reclamaciones habían sido "resueltas" por los
políticos. Las organizaciones judías de norteamericanos apoyaron a
sus colegas israelíes. Un peón importante en dicho sistema fue
Lawrence Eagleburger, un antiguo Secretario de Estado de los Estados
Unidos. Este gran hombre preside la comisión de líderes judíos que
se ocupa de las reclamaciones de seguros relacionadas con el
Holocausto y cobra un salario anual de 350.000 dólares. Según Stern,
el dinero de las compensaciones apenas llegaría para pagar a los
beneficiarios de las pólizas y por eso se siente horrorizado ante la
facilidad con que Bronfman y Burg se gastan los fondos en otras
cosas.

Los banqueros israelíes no tienen apuro

Las organizaciones judías fueron intransigentes con los bancos
suizos y alemanes, pero mucho más tímidas a la hora de tratar con un
banco judío. El Banco Leumi de Israel atesora probablemente más
fondos de los judíos fallecidos que cualquier banco suizo o alemán.
Parece cosa de risa, pero los banqueros israelíes no tienen prisa
alguna por devolver el dinero. De hecho, éste se les pega a los
dedos como engrudo. Antes de la Segunda Guerra Mundial, muchos
judíos europeos depositaron sus ahorros en el Banco Anglo-Palestino,
que era el nombre del Banco Leumi antes de 1948. Algunos hicieron
depósitos y otros alquilaron cofres de seguridad. Pero los clientes
no eran sólo judíos y el banco es depositario de inmensas fortunas
de los cristianos y de los musulmanes palestinos.

Muchos palestinos perdieron sus depósitos durante el gran
zafarrancho de 1948. Los bancos israelíes utilizaron todos los
medios posibles para bloquear el dinero y hacerlo desaparecer
conforme aumentaba la inflación. Pero a los judíos no les fue mejor.
Parece ser que el peor sitio en que un judío puede depositar su
dinero con seguridad es el Banco Leumi, es decir el Banco Nacional
de Israel. Los supervivientes del Holocausto y los herederos de las
víctimas se encontraron con la negativa tajante del Banco Leumi para
inspeccionar su documentación.

El Banco Leumi, en trámites de privatización, era una propiedad
compartida por la Generali. La compañía de seguros Migdal, la
Generali y el Banco Leumi constituyen un entramado de sociedades y
de hombres de negocios de dudoso historial. Algunos de esos
individuos pertenecen al mismo tiempo al consejo de administración
de las compañías, comparten beneficios y saltan con facilidad de
fondo en fondo.

Martín Stern descubrió que, en los años cincuenta, el personal del
Banco Leumi, sin control ni supervisión externa y sin dejar
constancia por escrito, abrió todos los cofres de seguridad
inactivos. Sus contenidos fueron introducidos en sobres marrones y
depositados al abrigo del control público. Como detalle de interés,
Stern tuvo noticias de un baúl que permaneció durante años en las
oficinas del Banco Leumi, para desesperación de las secretarias, que
se enganchaban las medias en sus esquinas. Cuando el baúl fue
abierto, en su interior se encontró un verdadero tesoro,
aparentemente depositado por una iglesia copta. Al día de hoy, el
baúl no ha sido devuelto a dicha iglesia.

Martín Stern no podía creer que fuera posible un incumplimiento tan
flagrante de las leyes bancarias. Durante su lucha en favor de los
intereses de los supervivientes del Holocausto y de sus herederos,
exigió que los representantes del Banco Leumi publicasen los nombres
de los propietarios de los cofres de seguridad cuyos depósitos
habían sido retirados por el banco. Al principio, la directora
general de éste, Galia Maor, negó que el banco hubiese abierto los
cofres. Confrontada con las pruebas de lo contrario, replicó
severamente que "sólo encontramos cartas de amor". Me pregunto si
una respuesta como ésta, de haberla dado los suizos, hubiera sido
aceptable para las organizaciones judías.

El destino de los depósitos en dinero no ha sido diferente del de
los cofres de seguridad, puesto que el Banco Leumi ha salido ganando
de cualquier manera. Una tal señora Klausne, antes de la Segunda
Guerra Mundial, depositó en el Banco Leumi 170 libras esterlinas, el
equivalente de 25.000 dólares de acuerdo con el valor actual. Cuando
fue a reclamar su depósito, el Banco Leumi le ofreció 4 dólares. Con
vistas a evitar futuros problemas, el personal del banco empezó a
destruir toda la vieja documentación.

Los trucos utilizados por el Banco Leumi llamaron la atención de la
prensa israelí y de la Knesset, que nombró una comisión
parlamentaria para investigar el asunto. Se necesitaron seis meses
de intensas negociaciones para formar la comisión, pero sus
estatutos adolecían de una falla manifiesta. Los supervivientes
exigían encontrar a las personas responsables de haber escondido sus
fondos durante medio siglo. Esta exigencia no fue incluida. Peor
aún, la comisión cuenta entre sus miembros con personas responsables
de dicho estado de cosas. Zvi Barak, que fue miembro gestor del
Banco Leumi y que también lo es del Fondo Generali, fue enviado a
investigar a los bancos suizos y ahora se supone que debe encontrar
a los culpables en su propio banco.

Michael Kleiner, un parlamentario de derecha por el Partido Herut,
escribió lo siguiente a la comisión parlamentaria: "El banco
destruye documentos en dos secciones diferentes y ahora existen
grandes sospechas relacionadas con los depósitos del Holocausto y
especialmente con los sobres marrones de las cajas de seguridad"· En
fechas recientes, el Banco Leumi alcanzó notoriedad por el lavado de
dinero que ha llevado a cabo en gran escala cuando las fortunas
robadas por Vladimiro Montesinos y su jefe Alberto Fujimori -el ex
presidente de Perú- fueron detectadas en sus oficinas de Suiza. La
palabra "lavado" no tiene sentido si se aplica a dicho banco, ya que
cualquier pañuelo que pasara por él saldría más sucio de lo que
estaba.

El concepto feudal de judaísmo

El triunfo más importante de los líderes judíos tuvo lugar en
Alemania en 1991, cuando la Alemania del Este fue unificada con la
República Federal de Alemania. Después de 1945, la Alemania
socialista no devolvió los bienes a los propietarios alemanes de
antes de la guerra, ya fuesen gentiles o judíos. Su lógica era
impecable: los alemanes del Este no aceptaban la noción de Pueblo
Judío y consideraban por igual a todos los ciudadanos alemanes,
judíos o no. Pensaban que la idea nazi de la separación de los
judíos se había acabado en 1945. Estaban equivocados. La Alemania
Federal aceptó el concepto feudal del judaísmo en 1950, cuando pagó
compensación por las propiedades judías, pero no a los
supervivientes o a sus herederos, sino al Estado de Israel y a los
líderes judíos en cualquier sitio que estuviesen. tras la
reunificación, lo hizo de nuevo.

Por ejemplo, dos alemanes, Moses y Peter, murieron en la guerra y
dejaron algunas propiedades en Alemania del Este. Las propiedades de
Peter, el gentil, permanecieron bajo la custodia del gobierno alemán
hasta que su heredero fue encontrado. Si no hubiera tenido
herederos, la propiedad hubiese permanecido en manos del gobierno
alemán. Pero la propiedad de Moses, el judío, hubiera pasado a las
manos de los señores Bronfman y Burg, en su calidad de líderes y
representantes del Pueblo Judío y de miembros de la Conferencia para
las Reclamaciones. El Estado alemán transfirió las propiedades que
pertenecían a sus ciudadanos judíos en el territorio de la Alemania
del Este a las manos de la Conferencia.

Dicha Conferencia era un organismo ficticio de 44 hombres que no
representaban a nadie. Algunos de ellos, por ejemplo, fueron
enviados por una sociedad pomposamente denominada Asociación Anglo-
Judía, que cuenta con unos 50 miembros. Sólo dos
personas "representaban" a millones de judíos israelíes. Esta
Conferencia supuestamente debía encontrar a los herederos de Moses y
a otros alemanes de origen judío.

Sin embargo, los líderes judíos tuvieron una idea mejor. Sabían que
muchos propietarios nunca iban a reclamar sus casas y, por lo tanto,
la propiedad de éstas pasaría a sus manos. Pero eso no era
suficiente para tales sinvergüenzas. Establecieron una fecha límite,
tras la cual sería imposible considerar cualquier reclamación de los
herederos. Fue un golpe de genio típicamente judío: unos 30.000
millones de dólares en propiedades pasaron a sus manos de manera
totalmente "legal". A partir de ese momento, se tomaron con
tranquilidad las reclamaciones de los legítimos herederos, mientras
que sumas inmensas, procedentes de los alquileres, se iban
acumulando en sus cuentas bancarias.

Las organizaciones norteamericanas de supervivientes judíos han
iniciado su lucha contra los líderes judíos. Exigen que la
Conferencia haga pública una lista completa de sus bienes, que
encuentre a los legítimos herederos y les devuelvan sus propiedades.
Están pensando en llevar a los tribunales a Alemania, a Italia y a
otros países y organizaciones que por razones misteriosas aceptaron
la idea medieval de la "propiedad judía". Afirman que la propiedad
sólo puede ser de judíos individuales y niegan la validez de esa
extraña "propiedad judía". Tal como prueba esta historia, tales
ideas son buenas para que los autoproclamados líderes judíos
mantengan el nivel de vida a que están acostumbrados, pero no para
las personas ordinarias de origen judío, que deberían de olvidarse,
de una vez por todas, de esa costosísima ilusión denominada
solidaridad judía.

La fuente: Israel Shamir es uno de los más conocidos y respetados
intelectualres israelíes de origen ruso. Es periodista, escritor y
traductor. Muchos de sus artículos han sido publicados por medios
tales como el diario israelí Haartez, la cadena británica BBC y el
matutitno ruso Pravda. Tradujo obras de Agnon, Joyce y Homero al
ruso. Entre sus libros se encuentran Travels With My Son y The Pine
and the Olive. Vive en Jaffa. Puede visitarse su página web en
www.israelshamir.net. La traducción de este artículo al castellano
pertenece a Manuel Talents.

EL FÜHRER

 http://4.bp.blogspot.com/-vd4H4TPoTyM/TlGFEsTvNRI/AAAAAAAAHdY/WqFGpauRIls/s1600/hitler.jpg
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J goebbles ( Hacia el tercer Reich)

Para ser conductor se requiere carácter, voluntad, eficiencia y
suerte. Si estas cuatro condiciones fundamentales forman una unidad
armónica en el genio, entonces proporcionan en su totalidad el tipo
ideal del hombre elegido históricamente.

El carácter está a la cabeza de todo. Conocimientos, saber libresco,
experiencia y rutina más bien son en perjuicio que en provecho de
una personalidad si no están fundamentados y unidos por la fortaleza
del carácter. Recién el carácter los lleva a la plena validez y
eficacia. El lleva implícito en sí valor, constancia, energía y
consecuencia. El valor da al hombre la fuerza no sólo de reconocer
lo justo, sino también de decirlo y de hacerlo. La constancia le
confiere la facultad de perseguir una meta reconocida como
obligatoria también cuando a ello se oponen obstáculos aparentemente
insalvables, proclamarla también cuando es impopular y hace
impopular. La energía moviliza aquellas fuerzas en el hombre que lo
hacen pronto a jugarse lo último por una meta y procurar alcanzarla
con obstinación, y la consecuencia da al ojo y al cerebro esa
agudeza certera de conocimiento y lógica en el pensamiento y en la
acción, que eleva al hombre verdaderamente grande de entre la ancha
masa que se mueve siempre perdida de un extremo al otro. Estas
virtudes varoniles otorgan en conjunto lo que llamamos carácter.
Carácter, por consiguiente, es una fuerza de estilo y postura
incrementada a lo eminente.

La voluntad eleva el carácter de lo individualista a lo
universalista. La voluntad recién hace del hombre de carácter el
hombre político. Todo hombre que significa algo, quiere algo, y
además está dispuesto a aplicar a la realización de su voluntad
también los últimos medios. La voluntad distingue al hombre simple
pensante del actuante. El es el mediador entre conocimiento y
conclusión. No sólo importa que sepamos lo justo, sino más bien y en
lo principal, que querramos lo justo. Esta sentencia tiene, sobre
todo en el ámbito de la política, su significado de validez general.
¡De qué sirve que reconozca al enemigo si no uno a este
conocimiento, la voluntad de destruirlo! Muchos saben porque
Alemania se perdió, pero solo pocos sacan de este saber la voluntad
de acabar con el infortunio. Esto es lo que distingue al elegido
para la conducción de aquél que solamente comprende: que no sólo
tiene la voluntad para querer, sino también el querer para la
voluntad.

Pero lo que el última instancia importa en política, no es lo que se
quiere, sino lo que se logra. Esta sentencia sirve de transición a
la tercer condición esencial del hombre político genial: la
eficiencia. La exigencia trae el rendimiento. Conducir significa
querer y señalar caminos para la realización de aquello que se
quiere. La historia no decide sino por lo alcanzado. Precisamente
entre nosotros los alemanes es necesario volver siempre de nuevo
sobre esto. La política es un asunto público, y en el ámbito de la
generalidad no se debe proceder conforme a leyes que quizás
aparezcan como aplicables en la esfera privada. Nosotros los
alemanes nos inclinamos frecuentemente a tomar también en la
política lo que se quiere por lo que se ha sido capaz de conseguir y
perdonar a todo miserable si enfatiza que quiso lo bueno y lo
justo. "No hemos socializado", dice el marxista de noviembre, "pero
por lo menos lo hemos querido". Esto no es lo que importa; de la
misma manera que también en un violinista es indiferente si quiere
tocar el violín: debe saber tocar el violín. El que en política
aduce querer salvar a un pueblo, debe tener ante todo la capacidad
para ello.

Carácter, voluntad y eficiencia, estas tres condiciones previas para
la conducción, tienen su fundamento en el hombre genial mismo.
Están, o no están. A ello se agrega el cuarto factor que, por así
decirlo, lo une a aquella fuerza de la cual proviene y cuya voluntad
cumple como instrumento: la suerte. El conductor debe tener suerte.
Su mano debe estar bendecida. En todo lo que hace y deja de hacer
debe reconocerse que está bajo el amparo y la protección de una
fuerza mayor. Todo puede la masa perdonarle al conductor, menos la
falta de suerte. En eso sólo es inmisericordiosa.

La masa no es antijerárquica; sólo se defiende instintivamente
contra esos usurpadores que pretenden el poder sin aportar para ello
la voluntad y la capacidad requeridas. El conductor por igual,
tampoco es enemigo de las masas. Detesta solamente el barato método
de una cobarde demagogia, que da al pueblo frases en lugar de pan.

El conductor debe saber todo. Esto no quiere decir que en todo
comprenda la técnica de las cosas; pero debe conocer su esencia.
Para la técnica pone a los otros, espíritus serviciales, que
constituyen el mecanismo en el engranaje de la política.

El arte de la organización es uno de los factores más importantes en
el ámbito de las condiciones del hombre político. Organizar
significa dividir acertadamente trabajo y responsabilidad. El
conductor es, en cierto modo, el maestro de máquinas en el engranaje
de una organización política que funciona en los más mínimos
detalles.

CRIMENES NAVALES


J.BOCHACA

...

Debido a esa inhumana medida de los tripulantes, sólo 90 de los
1.500 prisioneros italianos pudieron ser salvados. Hartenstein pidió
instrucciones a Doenitz, pues había numerosos náufragos, ingleses y
polacos, en botes salvavidas y la mar estaba muy agitada. Pese a
que, en la guerra, aún y cuando se respeten las reglas del Derecho
Internacional, los objetivos bélicos se anteponen siempre a los de
salvamento, Doenitz ordenó a los submarinos del Grupo Eisbaer,
Schacht, Wuedermann y Wilamowitz, que se dirigieran inmediatamente a
cooperar con Hartenstein en el salvamento de los náufragos [432].
Sigamos con el diario de operaciones del U-156:
"Nuestro submarino está rodeado de náufragos. Imposible seguir
ayudándolos. Tengo ya 193 a bordo, incluyendo los italianos, y no
puedo pasar de este limite si quiero conservar la capacidad de
permanecer en inmersión un cierto tiempo. Por favor, mande
instrucciones".
Respuesta de Doenitz, en persona:
"A Hartenstein. Informe urgentemente si el buque hundido ha emitido
mensajes y si hay náufragos en botes o nadando. Detalle
circunstancia y datos lugar hundimiento. Doenitz".
Respuesta de Hartenstein:
"Buque ha transmitido situación exacta. Tengo a bordo 193 hombres,
de ellos 90 italianos, 23 ingleses y 80 polacos. Centenares de
náufragos nadando en las cercanías. Propongo neutralización
diplomática lugar hundimiento. Por la escucha radio, sabemos hay un
barco desconocido en proximidades. Hartenstein".
Cuatro horas después del torpedeamiento, Hartenstein transmitió en
longitud de onda de 25 metros un mensaje en inglés, diciendo:
"Si algún barco quiere auxiliar a los supervivientes del "Laconia"
no será atacado, a condición de que no lo sea, por barcos o
aviación. He recogido 193 hombres. Situación 04 grados 52' Sur, 11
grados 26' Oeste. Submarino alemán".
Este mensaje fue repetido en onda de socorro internacional. Después
de esto, ya no podían caber dudas de que los ingleses conocían el
hundimiento del Laconia y del subsiguiente salvamento de náufragos
por el submarino alemán, pero ningún barco acudió a la llamada de
socorro. El Almirante Doenitz, además de los submarinos ya
mencionados, dio orden de que se dirigieran a toda prisa hacia
aquella zona a los submarinos de los comandantes Merten y Poske y
pidió al mando de los submarinos italianos que operaba en Burdeos,
que mandase, también, ayuda. Los italianos mandaron al
submarino "Capellini", mientras el gobierno de Vichy mandó a sus
corbetas "Annamite" y "Gloire", que se encontraban en la zona.
Durante todo el día Hartenstein y sus hombres se ocuparon de los
supervivientes, la mayor parte de ellos en pequeños botes salvavidas
o en el mar, asidos al emergido submarino, pero no se presentó
ningún buque de salvamento. Por la tarde se recibió otro mensaje de
Doenitz:
"Hartenstein: 1) Entregue todos los supervivientes al primer
submarino que llegue. 2) El submarino que reciba los náufragos debe
esperar a Schacht o a Wuedermann y repartirlos con ellos. 3) Todos
los supervivientes se entregarán a buques franceses o en puerto que
se indicará. Seguirán instrucciones".
El día siguiente llegaron los dos submarinos alemanes y, mientras
trataban de reunir los botes salvavidas para facilitar su entrega a
los franceses, su presentó una avión "Liberator" americano.
— 190 —
Hartenstein había colocado sobre el puente una gran bandera de la
Cruz Roja. Por morse se le pregunta al avión de dónde viene y si hay
algún barco cerca para hacerse cargo de los náufragos. El avión no
contesta y desaparece. Pero vuelve al cabo de media hora y arroja
dos bombas, que no alcanzan al submarino. Pero una tercera bomba
alcanza de lleno un bote repleto de náufragos. Otra bomba estalla
sobre la cámara de mando y la tórrela del submarino es dañada.
Hartenstein ordena que los náufragos pasen a los botes. A algunos
hay que echarlos a la fuerza, pues se niegan a salir.
Milagrosamente, el submarino, pese a sus averías, logra sumergirse,
y escapar del ataque del avión. Doenitz dio órdenes de continuar las
operaciones de salvamento, pero dando absoluta prioridad a la
seguridad de los submarinos. Finalmente, una parte importante de los
náufragos pudo ser salvada, pero la intervención del avión americano
evitó que se salvaran muchas vidas, a parte de las muertes que causó
su tercera bomba. En el transcurso del día 17 siguió sin aparecer
ningún barco inglés para socorrer a los náufragos. Por fin llegaron
los dos barcos de guerra franceses "Annamite" y "Gloire", al punto
convenido, y se hicieron cargo de los náufragos sin más
contratiempos. En suma: durante los 4 días que duró la operación de
salvamento, los aliados, no sólo no hicieron nada para socorrer a
los náufragos, entre los que se encontraban unos mil ingleses y
polacos, sino que aprovecharon la ocasión para atacar a los
submarinos. Esto hizo que el Almirante Doenitz cursara la siguiente
orden:
"Toda tentativa de salvamento de personal de buques hundidos, así
como el rescate de los que están nadando, la recogida a bordo de los
que estén en botes salvavidas, el remolque de los mismos y la
asistencia con víveres y agua quedan prohibidos. El salvamento se
opone a la superior exigencia de la acción bélica, cuyo fin único es
la destrucción de los buques y tripulaciones enemigos".
Algo más a propósito del caso del "Laconia": El teniente Hoad
disparó a una parte de los italianos que consiguieron desatrancar
las puertas tras las que se les habían encerrado, dando muerte a
tiros a varios de ellos, y a otros, los contuvo a golpes el oficial
Young. Los italianos recogidos (90 sobre 1.600) tenían un aspecto
deplorable. Los ingleses los tenían a pan y agua, Mucha estaban semi-
desnudos y otros desnudos por completo.
* * *
El capitán de corbeta Hans Wit, que mandaba un navío alemán en el
Mediterráneo pidió audiencia al Almirante Doenitz y le expuso que,
en aquel escenario de batalla, los aviones ingleses ametrallaban a
los náufragos de los submarinos y de los aviones alemanes que caían
en el mar, por lo que el disgusto y la excitación eran vivísimos
entre los militares alemanes de todas las armas y graduaciones; como
consecuencia, en general, la idea de que, en justa represalia,
debíamos atacar igualmente a los náufragos de los buques aliados
hundidos, a los que hasta entonces se había tratado con la mayor
caballerosidad.
No obstante, Doenitz rechazó enérgicamente tales propósitos
"por ser absolutamente contrarios a nuestras normas de hacer la
guerra". Aunque el enemigo proceda con tan evidente falta de
humanidad, nosotros no debemos imitarlo, pues, de hacerlo, aunque
fuera por una sola vez, ocasionaríamos al Mando Supremo graves
perjuicios". [433]
Esta conducta de Doenitz no fue, con todo, muy apreciada por los
ingleses, que, en general, condujeron la guerra en el mar con una
ausencia de "fair play" casi total. Por ejemplo, según reconoce un
historiador británico [434], después de hundir al acorazado
alemán "Bismarck",
"... la flota británica se retiró de los parajes sin recoger a los
náufragos supervivientes..."
Según el aludido historiador,
"había muchos "jerries" (alemanes) en el agua y no tenían nada a qué
aferrarse, ni siquiera una balsa".
Plácenos, no obstante citar el caso del Almirante Sir Bruce Fraser
que mandaba la flotilla que hundió al acorazado
alemán "Scharnhorst". Fraser reunió a sus oficiales en la cubierta
del "Duke of York" y les dijo:
"Si alguna vez se encuentran al mando de un barco que se enfrente a
un enemigo muchas veces superior, espero que se porten como lo
hicieron los marinos del Scharnhorst, que hagan maniobrar su buque
con la misma habilidad y que luchen con sus hombres como lo han
hecho en este día los oficiales del barco alemán que acabamos de
hundir".
El Almirante Fraser mandó formar la guardia de honor y arrojó una
corona de flores en el lugar en el que el buque alemán se había
hundido.

­INAUGURACION DE LA CRUZADA DEL TRABAJO

Frente Alemán del Trabajo 
------------------------------------------------------------------------
(Discurso de Adolf Hitler)

(21 de marzo de 1934)



Trabajadores alemanes:

No creo que jamás Gobierno alguno se haya hecho cargo de una
herencia peor que la que nosotros tomamos el 30 de enero de 1933.

Desde la revuelta de noviembre de 1918 se fue precipitando a nuestro
pueblo, paso a paso, en la decadencia. Todo lo que parecía
contraponerse a aquella línea que llevaba derecha a la perdición, se
reveló siempre, al poco tiempo, como falacia y espejismo. La menor
mejoría que se presentara en la primavera, nunca fue otra cosa que
una alternativa en las vicisitudes de la coyuntura de un sistema y
de una economía que iban al desastre, era ponderada por los
Gobiernos como éxito propio.

Es preciso rememorar la situación en que nos encontrábamos en enero
del año pasado.

El campo camino de la ruina; la clase media arruinada ya en su mayor
parte. La carga de los impuestos insoportable. El nú­mero de quiebras
creciendo constantemente. Una legión de agentes ejecutivos ocupados
en cobrar coercitivamente deudas públi­cas y particulares. Las
finanzas del Reich, de los lander y de los municipios completamente
desequilibradas, la capacidad adquisi­tiva del pueblo en contínuo
descenso. Y por encima de todo, ir­guiéndose como un peligro
inminente, el azote de la necesidad, el paro.

Había más de seis millones de alemanes sin ganar nada, lo cual en la
práctica venía a significar que cada dos alemanes que trabajaban
tenían que mantener a otro.

A esto se añadía, como mal mayor, la falta de esperanza en un cambio
de cosas. Habíase perdido la confianza y la fe en un porvenir mejor.
Los millones de alemanes perseguidos por el infortunio económico
escrutaban el gris y horroroso porvenir, sumidos en inconsolable
desesperación. Y dondequiera que se mirase, la lu­cha de los
partidos, la eterna disensión, la eterna disputa, la corrupción, el
soborno, la informalidad y la indisciplina cerniéndose sobre todo.
Cuando más grave era la necesidad tanto más peligrosos resultaban
los partidos políticos y sus jefes, farsantes y embau­cadores que
operaron infamemente en el cuerpo alemán.

Un maremagnun de concepciones e ideas, de pareceres y convicciones
desgarró al pueblo alemán y determinó el desaliento de esta época.

Así pues, al recibir por fin el poder el 30 de enero del año pasado
tras una lucha de 14 años llena de sacrificios contra los
destructores de nuestro Reich y de nuestro pueblo, estábamos
abocados a lo peor.

¿Qué era lo que había que hacer y cómo había que hacerlo?

Compatriotas: ¡Cuántos no hubo entonces que exhortaban al pueblo
para que evitase al nacionalsocialismo sosteniendo que nos faltaban
capacidades y que nuestro triunfo sería el aniquilamier­to completo
de la economra alemana!

Pero, a despecho de críticos y censuradores, al presentarnos hoy
ante la nación, al iniciar la segunda campaña anual contra la crisis
económica alemana, podemos aducir una labor que no hace más que un
año era considerada imposible por ellos mismos.

¿Cómo fue esto posible?

He aquí los principios que entonces nos guiaban y las resoluciones
que tomamos y quisimos llevar a la práctica.

1.- Si en una época de tan horrible decadencia en todos los órdenes,
y especialmente en el económico, se procede a una subversión del
Estado, bajo ningún concepto debe conducir al caos.

Nosotros quisimos hacer una revolución y la revolución hicimos. Sólo
almas pequeñas pueden ver exclusivamente en la destruc­ción el
espíritu de una revolucián. Nosotros, por el contrario, la vimos en
una renovacián gigantesca.

Y si hoy podemos mirar confiadamente al porvenir no es sino porque,
gracias a la disciplina del partido nacionalsocialista, de sus
combatientes y adeptos, logramos realizar con perfecto plan y or­den
una de las mayores revoluciones de la historia universal.

Es mejor título de gloria haber aventado un mundo sin los fenómenos
consiguientes a un voraz incendio, que hacer una revolución que
termine en el caos y, por tanto, en el propio aniquilamiento. El
pueblo alemán no nos ha llamado para que seamos nosotros quienes le
precipitemos en la muerte sino para que le señalemos el camino de
otra vida mejor.

La disciplina de la revolución nacionalsocialista fue, pues, la
premisa para el logro de la salvadora acción política y económica de
nuestro movimiento.

2.- La magnitud de la calamidad obligaba a magnas resoluciones. Y
magnas resoluciones no pueden tomarse más que a largo plazo. Como
todo lo grande de este mundo, su realización requiere tiempo.

Pero para ello era necesario dar al nuevo régimen una estabilidad
insólita pues sólo Gobiernos estables, seguros de su existen­cia y
duración, pueden decidirse a resoluciones verdaderamente enérgicas y
amplias.

3.- La estabilidad interna de un Gobierno es siempre manantial de
confianza y tranquilidad de un pueblo. Cuando la masa ve que sobre
ella hay un Gobierno convencido de sí mismo se trans­mite a ella una
parte de ese convencimiento. Y así, a la audacia de los planes de la
dirección del Estado, responde una audacia análoga en la buena
disposición para cumplirlos hasta el fin.

Y el buen ánimo y la confianza son las condiciones fundamentales
para el éxito de todo renacimiento económico.

4.- Para ello había que estar decidido a obrar con circunspec­ción
pero, si era necesario, también con dureza.

Estábamos dispuestos a hacer cuanto fuera humanamente posible.
Queremos hacer todo lo que podamos a nuestro leal saber y entender.
Por eso no estamos dispuestos a consentir que cual­quier elemento
pernicioso o cualquier desalmado enemigo de nuestro pueblo pueda
entregarse a su labor destructura.

Para poder criticar hay que haber aprendido algo. Y lo que se ha
aprendido se demuestra con los hechos.

A los hombres que nos precedieron les concedió el destino catorce
años de tregua para poder demostrar con actos su verdadera
capacidad. Y quien durante catorce años ha fracasado como ellos
fracasaron, ha arruinado un pueblo próspero como ellos le
arruinaron, le ha llevado a la miseria y a la desesperación como
ellos le llevaron, no tiene derecho a presentarse de repente, en el
año decimoquinto, como crítico de quienes quieren enmendar, y de
hecho enmendaron, yerros de ellos. Ocasión para obra tuvieron en
catorce años.

Hoy no se la dejamos ya para que sigan palabreando.

5.- No podemos hacerlo tampoco porque la gran obra no puede llevarse
a término más que con la ayuda de todos.

Es un error pensar que un Gobierno puede realizar por si solo el
milagro de una renovación. Es preciso que ese Gobierno consiga
alistar al pueblo al servicio de su misión.

Los eternos pesimistas y los rezongones por principio no han salvado
todavía ningún pueblo y, en cambio, han destruido muchas naciones,
muchos Estados y muchos Imperios.

De aquí nuestra decisión de no ocuparnos de ellos y de no contar más
que con quienes están denodadamente dispuestos a emprender con
nosotros y a llevar a término la lucha por la resurrección alemana.

6.-Y lucha tenía que ser.

Púes no hay milagro que, venido de lo alto o del exterior, le vaya a
dar al hombre lo que no gane él mismo.

El cielo no ha ayudado nunca mas que a aquél que se ha afana­do
honradamente y que no confió en otros sino que puso su fe en el
propio esfuerzo. Pero para esto hace falta el valor de contar con el
tiempo preciso para la labor emprendida.

Cuando durante 14 años se ha estado destruyendo un pueblo, sólo un
insensato puecle suponer que en pocas semanas o en pocos meses pueda
ponerse remedio a los daños inferidos.

7.- Teníamos el convencimiento de que la salvación del pue­blo alemán
debía comenzar por la salvación del labrador. Porque, si un hombre
cualquiera se ve obligado a abandonar su puesto o pierde su negocio,
un día puede encontrar una nueva ocupación o crearse con tenacidad y
esfuerzo un nuevo medio de vida. Pero si es un labrador el que llega
a perder su heredad está generalmente perdido para siempre.

Y ¡ay del pueblo donde esta clase perece! Toda calamidad puede
atajarse fácilmente.  Sólo una puede dar fin a un pueblo: donde
falta el pan terminan todos los experimentos y teorías.

No en vano está incluida en la oración dominical cristiana la
petición del pan de cada día.

8.- La lucha para la salvación de la clase media es en primer
término una lucha contra el paro.

Y el paro es el problema gigantesco que aguarda solución de nosotros
y ante el cual todo retrocede.

Desde el primer día que ocupamos el Poder sabíamos que era preciso
atajar ese mal y estábamos decididos a posponerlo todo, sin
consideracián alguna, a la lucha contra aquella calamidad.

Es ya en sí horrible que, en un pueblo, se malgasten y disipen en la
nada miles de millones de horas de trabajo. Millones de hombres
necesitan vestido, calzado, vivienda, enseres y alimento y otros
millones de hombres quisieran trabajar y crear.

Pero los unos no pueden satisfacer sus necesidades y los otros no
encuentran posibilidad de producir los medios para acallar­las.

La Providencia nos ha creado pueblo inteligente, capaz de resolver
los más árduos problemas, y el alemán es laborioso y apto para todo
trabajo. Los ingenieros y técnicos alemanes, nuestros físicos y
químicos figuran entre los mejores del mundo.

El obrero alemán no es superado por ningún otro. ¿No ha de sernos
posible entonces a nosotros procurar trabajo a los unos para
remediar la necesidad de los otros?

¿Hemos de estar condenados a ver a millones de hombres en la
imposibilidad de producir las cosas que otros millones necesitan?

Nosotros solucionaremos este problema porque tenemos que
solucionarlo.

El pueblo alemán de mañana no pagará el ocio de ninguno de sus
individuos, pero les dará a todos la posibilidad de ganarse su pan
con un trabajo honrado ayudando y contribuyendo a la elevación del
nivel general de vida. Porque nadie puede consumir na­da que no se
deba al esfuerzo conjunto.

Nosotros pretendemos que se eleve el nivel de vida en todas las
clases sociales de nuestro pueblo y para ello procuraremos que en
nuestra producción se den las condiciones previas.

Si se consigue incorporar cinco millones de parados a una producción
práctica, esto significa que, por de pronto, la fuerza total de
consumo del pueblo alemán aumentó mensualmente, cuanto menos, en 400
millones o sea cinco mil millones al año. Pero, en realidad, el
efecto es todavía mayor.

¡Cometido inmenso ante cuya solución todo lo demás palide­ce!

Sabíamos perfectamente que para cada cual la proporción de los
ingresos era lastimosa y que, en último extremo, los ingresos
imponen el tenor de vida y el tenor de vida de un pueblo está
determinado por la suma total de lo producido por él y de lo que,
por consiguiente, tiene a su disposición.

Por firme, pues, que sea nuestra resolución de elevar la capacidad
adquisitiva de la masa dentro del marco de la elevación de nuestra
producción, nuestra tarea actual está encaminada exclusivamente a
incorporar el último hombre a esa producción.

Tengo la dicha de ver que el trabajador alemán ha comprendido esto,
a pesar de que, en parte, cobra salarios verdaderamente imposibles.
Es triste, en cambio, la incomprensián de algunos patronos para
estas cuestiones. Quizá porque esperan poder traducir de un singular
aumento de dividendos la reanimacián actual de la economía alemana.

Pero desde ahora sabremos oponernos con toda energía a cualquier
intento de esta índole.

Estos fueron los principios que inspiraron nuestra acción el año
pasado. Ellos fueron los que marcaron el camino que seguí­mos de
hecho.

Empezamos por terminar con todas las teorías porque si bien es
interesante que los médicos debatan sobre los medios posibles para
combatir una enfermedad, para el enfermo lo primero y prin­cipal es
recobrar su salud. La teoría que lo consigua será para él no sólo la
más importante sino la verdadera

De ahí que comenzáramos por desembarazar a la Economía de teorías,
por un lado, y por otro, del caos de decretos aburma­dores, de
disposiciones restrictivas, sobre cuyo acierto o sobre cuyo error no
se puede discutir siquiera porque, en todo caso, lo primero que
habieran hecho habría sido asfixiar la Economía.

Hemos procurado además librar a la producción, paso a paso, de
aquellas cargas que, como absurdas disposiciones tributarias,
estrangulaban la vida económica. En este sentido, y en un campo, el
de la motorización, hemos conseguido quizá el éxito más grande y
eficaz, éxito al que han seguido en otros terrenos otros no menos
significativos.

Estábamos resueltos también a no hacer por principio más regalos a
la Economía sino a emplear todos los medios disponibles únicamente
en la consecución práctica y positiva de trabajo.

El industrial inteligente, activo y ordenado encontrará ahí campo de
actividad; el indolente, torpe, desordenado o innoble debe perecer.
Lo decisivo es que los medios que el Estado pueda  movilizar no se
distribuyan como regalos sino que se les coloque convenientemente
para que fecunden realmente la producción.

Que es lo que en gran escala hemos hecho con éxito incuestionable.
La iniciativa tomada para ello por el Estado no tuvo otro propósito
ni más finalidad que la de despertar la iniciativa económica privada
y la de ir colocando paulatinamente así la vida económica sobre
propia base.

Para llenar ampliamente las exigencias de la futura evolución del
tráfico se proyectó y se dió comienzo a la magna obra de las nuevas
autopistas alemanas.

Pero además de esto hemos intentado crear un orden social mejor
facilitando entre otras cosas en grandes proporciones y con medidas
oficiales la celebración de nuevos matrimonios con lo cual
sustrajimos a la producción numerosas mujeres las cuales devolvimos
a la familia y al hogar.

Nada de esto hubiera sido posible sin la firmeza de nuestra moneda,
pues nuestras medidas no fueron resultado de experimentos alocados,
antes bien, al mismo tiempo logramos mejorar decisivamente y ordenar
la situación financiera del Reich, de los lander y de los
municipios. El fruto de nuestra actividad puede resumirse en el
siguiente hecho que es a la vez justificación de aquélla:

En el primer año de actuación del Gobierno popular
nacionalsocialista se incorporaron al trabajo y por consiguiente a
la producción 2.700.000  parados.

Y hoy, el 21 de marzo, empieza la nueva batalla para el trabajador
alemán de la frente y del puño.

Como el año pasado, también éste quisiera inscribir al frente las
palabras: ¡Guerra al paro! ¡Procúrad trabajo y así procurareis pan y
vida!

Este año tenemos que llevar la campaña contra el paro con mayor
fanatismo todavía y con mayor energía que el año anterior. Rigurosa
y desconsideradamente tenemos que rechazar a todo el que atente
contra esta idea y contra su realización. Ojalá llegaran a
comprender todos en Alemania que únicamente una concepción
verdaderamente socialista puede facilitar la solución de este
problema común.

Ojalá que todos consiguieran remontarse sobre su egoísmo y
renunciaran al culto del yo.

El salario y el dividendo, por doloroso que pueda ser en el primer
caso, tienen que rendirse ante la superior evidencia de que ante
todo hay que crear los valores que vamos a consumir después.

Ojalá que, especialmente, todo patrono comprenda que el cumplimiento
de las tareas económicas que pesan sobre nosotros no es posible más
que si todos se ponen al servicio de ellas sacrificando personales
egoísmos. Y ojalá vean también que un fracaso en esta obra no sólo
lanzaría al paro nuevos millones de hombres sino que sería el
desplome y el fin de nuestra economía y por tanto quizá del pueblo
alemán.

Por esto, sólo un demente puede atentar villanamente, en provecho
propio, a la obra de remediar esa necesidad común. Si se evita esto
podemos mirar con absoluta confianza el porvenir pues el gigantesco
programa nacional de creación de puestos de trabajo que proyectamos
y elaboramos el año anterior necesita en parte mu­chos meses para
pasar del proyecto a la realización.

Antes de empezar con el verdadero trabajo hay que realizar una labor
ingente. Un ejemplo lo tenemos en las autopistas. Sólo para levantar
los planos fue precisa una legión de topógrafos, ingenieros,
dibujantes y obreros. Pero la construcción de los tramos se irá
sucediendo con mayor rapidez cada vez.

Este año ya se destinarán 750 millonesde marcos a la realización de
esa obra que un día las generaciones venideras considerarán como
empresa maestra en las comunicaciones creadas por el hombre.

Y sólo el año pasado se prepararon para este año de 1934 planes para
cuya realización se presupuestaron y se aseguraron mucho más de mil
millones de marcos.

Simultaneamente se emplean sumas cuantiosas para la reducción de los
impuestos que matan la producción y este año se beneficiará la
Economía alemana de unos 300 millones en bonos de contribución.

Con objeto de facilitarle el matrimonio a 200.000 mujeres se han
dispuesto 150 millones de marcos para préstamos matrimoniales. Y,
por otra parte, el número de auxiliares domésticos aumentará
mediante medidas oficiales no menos amplias.

Una considerable cantidad de millones servirá para la reducción de
impuestos y para rebajar la contribución territorial agrícola.

El programa de creación de puestos de trabajo que el Gobierno tiene
ya fijado en detalle será el mayor que hasta ahora se ha conocido en
Alemania.

Además será un programa de aligeramiento de nuestra economía, a la
vez que un programa de regulación de toda nuestra vi­da financiera.

Pues por ingentes que sean los recursos necesarios no pueden salir y
no saldrán de la prensa de emisión de billetes. Para noso­tros es
inconcebible una inflación por el estilo de la del Gobierno de
Noviembre. Todos los gastos corrientes se cubrirán con las par­tidas
del presupuesto ordinario. Los capitales de explotación serán
financiados en el momento oportuno con el presupuesto de empréstitos.

Para allegar estos medios es condición primera y principal la
confianza del pueblo y el auxilio del Ahorro. Con satisfacción
podemos consignar que en el año transcurrido las imposiciones del
Ahorro se elevaron en unos mil millones de marcos.

Hemos conseguido además aumentar de tal manera el curso de los
valores de interés fijo que, de hecho, se produjo una reducción del
nivel de interés.

También en el futuro continuaremos aligerando el servicio de deudas,
fomentando la formación de capitales sin que para ello nos valgamos
de medios que en modo alguno afecten al respeto de la propiedad o de
los derechos contraídos.

Tampoco el ahorro alemán tendrá que sufrir desengaño alguno en el
futuro, por parte del Gobierno, ya por intromisiones arbitrarias de
éste, ya por impremeditaciones financieras. Nosotros protegemos el
rendimiento de todo trabajo honrado, todo honra­do ahorro y toda
propiedad honrada; mas para el logro de esta gran empresa se
necesita una cosa y es la cooperación de todos y la ayuda del uno
para el otro.

Y si 40 millones de hombres se suman a una sola voluntad y llevan a
la acción el propósito, no puede menos de resultar el éxi­to de una
fuerza tan inconmensurable como esa.

Mis trabajadores alemanes, hoy nos encontramos otra vez ante un acto
simbólico.

La campaña de primavera contra la calamidad de nuestro paro ha
comenzado.

Mientras nos encontramos aquí reunidos, allá en el Norte de
Alemania, en Niederfinow, se inaugura el mayor elevador de barcos
del mundo, una obra gigantesca de la ingeniería, del trabajo y de la
capacidad creadora alemana.

Vosotros estais congregados aquí en el comienzo de la construcción
de una de las grandiosas y nuevas carreteras destinadas a
proporcionar a la economía alemana las rutas de tráfico más modernas.

¡Plan enorme y símbolo de la grandeza de la tarea que se nos impuso!.

El Gobierno concibió y decidió la obra. Ingenieros, topógra­fos,
maestros de obras y constructores hacen las labores pre­liminares. Un
ejército de trabajadores alemanes la llevará a efec­to. Su utilidad
redundará un día en beneficio de todos los ale­manes.

En este queremos pensar nosotros a quienes el destino re­servó la
coadyuvación de esta obra cualquiera que sea el sitio en que uno se
encuentre. Porque es un hermoso sentimiento el de poder colaborar en
una obra que no sirve los intereses de uno solo y que no es
propiedad de uno solo sino que pertenece a todos y servirá
igualmente para todos durante siglos en­teros.

Ya sé, mis trabajadores, que las palabras y los discursos
se disipan y el afán y la pena permanecen. Pero hasta ahora, en el
mundo no ha caído nada del cielo y así, y no de otra manera,
ocurrirá siempre. De la preocupación y del esfuerzo surge la vida.

Y si hoy nuestra preocupación es la de dar trabajo y ganancia a
millones de hombres, mañana nuestra preocupacián será la de aumentar
su capacidad adquisitiva y mejorar su nivel de vida.

Pero nada conseguiremos si no nos consagramos a ello con todas
nuestras fuerzas y con la resolución de acometer la próxi­ma tarea
con el mismo ímpetu.

Ojalá que por fin lleguen a ver los demás pueblos y sus gobernantes
que el deseo y la voluntad del pueblo alemán y de su Gobierno son
los de coadyuvar con libertad y paz a la erección de un mundo mejor.

Así, con el espíritu de esta gran empresa de solidaridad, queremos
empezar la nueva cruzada del trabajo del año 1934. La meta nos está
marcada.

¡Trabajadores! ¡Manos a la obra!

CONGRESO DEL FRENTE DEL TRABAJO EN BERLIN ( Discurso de Adolf Hitler)

 Frente Alemán del Trabajo


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(10 de mayo de 1933)

Algo hubiera habido que tal vez hubiese podido ponerse frente a
estos millones: este algo hubiese sido el Estado si éste no hubiera
degenerado en juguete de los grupos interesados. No es pura
casualidad el que el desarrollo total se efectúe paralelamente a la
democratización de nuestra vida pública. Esta democra¬tización dió
lugar a que el Estado cayera primeramente en manos de determinadas
clases sociales identificadas con la propiedad en sí, con los
patronos como tales. La gran masa del pueblo tenía más y más la
sensación de que el Estado no era una insti¬tución objetiva, puesta
por encima de los acontecimientos, que no encarnaba ninguna
autoridad objetiva, sino que más bien era el flujo del querer
económico y de los intereses económicos de grupos determinados
dentro de la nación, y que la dirección del Estado justificaba tal
aseveración. La victoria de la burguesía política ya no era otra
cosa que la victoria de una clase social producida por leyes
económicas, de una clase que carecía, a su vez, de todas las
condiciones necesarias para una dirección po¬lítica efectiva, que
hacía que la dirección política dependiera de los fenómenos y
sucesos eternamente variables de la vida económica y de los efectos
de ésta en el terreno de la sugestión de las masas, de la
preparación de la opinión pública, etc. En otros términos: El pueblo
tenía, con razón, la sensación de que en todos los ramos de la vida
tiene lugar una selección natural, partiendo siempre de la capacidad
para este ramo determinado de la vida, menos para uno: el de la
dirección política. En el ramo de la dirección política echóse mano
repentinamente de un resultado de selección que debe su existencia a
un proceso enteramente diferente.
Mientras que entre los soldados es muy natural que sea jefe
únicamente quién ha recibido una instrucción debida, no era lógico
que sólo pudiera ser guía político quien tuviese la ins¬trucción
necesaria y demostrase la capacidad para serlo, sino que más bien se
fue extendiendo la opinión de que bastaba pertenecer a una
determinada clase de la sociedad, nacida de leyes económicas, para
sentir la aptitud indispensable para re¬gir un pueblo. Hemos
conocido las consecuencias de este error. La clase que se arrogaba
esta dirección ha sufrido un tremendo fracaso en las horas críticas
y ha resultado ser completamente inútil en los momentos más graves
que ha tenido la nación.
Todo batallón alemán ha realizado otro trabajo. No se olvi¬de que
este nuestro pueblo tenía entonces millones de hombres frente al
enemigo, y nadie ignora cuan grandes son la energía y la fuerza de
voluntad que debe tener el individuo para llevar a la tropa -
pongamos por ejemplo- de la reserva al frente de batalla, siempre
con la muerte ante los ojos, avanzando siempre en la zona de fuego
sin vacilar ni titubear. Y en casa presencia¬mos el triste
espectáculo de ver que la dirección política re¬trocede ante un
puñado de cobardes desertores, de unos mise¬rabIes que carecen de
valor para ponerse ante el enemigo, y que la patria capitula ante
estos cobardes. No se nos venga ahora con que no había otro camino.
¡Sólo para estos dirigentes no había más camino que éste!
Para cualquier otra dirección hubiera estado bien marcada la ruta y
no hubiera habido después necesidad de decir que la capitulación
había obedecido a órdenes dadas desde arriba. En ciertos momentos
del desarrollo, de la evolución histórica, no hay ni puede haber
órdenes que obliguen al hombre o al gobernante a capitular ante el
infortunio o a dejar el campo ante semejante inferioridad.
Creo que si alguien hubiese tenido derecho a capitular, hu¬biera
sido en millares y millares de casos el soldado alemán, quien,
merced a una diplomacia alemana no muy prudente ni hábil, tuvo la
desgracia de afrontar por espacio de cuatro años y medio, los
ataques de  un ejército casi siempre mayor en número y que a pesar
de todo -por hallarse en la creencia de que luchaba y peleaba por su
pueblo- no pudo sacar otras consecuencias que las que puede sacar un
soldado decente, a saber: vencer o morir.
No, no ha sido ninguna casualidad: una evolución errada resultá ser
definitivamente el 9 de noviembre una evolución errada, una
construcción errada acaba de revelarse estos días como una
construcción errónea, y sólo resta saber, lo cual es cuestión de
tiempo, si esta construcción acabaría definitiva¬mente con Alemania
o si Alemania tendría otra vez la fuerza y la energía necesarias
para vencer esta construcción. Creo que nos encontramos en el
período en que esta construcción ha sido vencida definitivamente.
Pero al propio tiempo nos encontramos en el período en que debemos
abordar la cuestión relativa a la reconstrucción de nuestra economía
alemana, no sólo para reflexionar radicalmen¬te acerca de la misma,
sino también para resolverla radicalmente viéndola no por fuera y
por arriba, sino investigando las causas internas de la decadencia y
resueltos a eliminarías. Creemos que debemos empezar aquí
primeramente por donde ha de estar hoy el principio, a saber: por el
propio Estado.
Hay que levantar una nueva autoridad, y esta autoridad ha de ser
independiente de las corrientes momentáneas del espíritu de la
época, independiente ante todo de las corrientes que revela el
egoismo reducido y limitado económicamente. Ha de erigirse una
conducción estatal que represente una autoridad real y efec¬tiva,
una autoridad que no dependa de ninguna clase social. Hay que
establecer una dirección estatal en la que todo ciudadano tenga la
fe y la confianza de que no quiere otra cosa que la dicha del pueblo
alemán, el bien de este pueblo, una dirección de la que pueda
decirse con razón que es independiente hacia todos lados.
Se ha hablado tanto de la época absolutista de los pasados tiempos,
del absolutismo de Federico el Grande y de la época democrática de
nuestros tiempos parlamentarios.  Los tiempos pasados eran los más
objetivos vistos con los ojos del pueblo, pudiendo velar por los
intereses de la nación de una manera más objetiva, al paso que los
tiempos posteriores fueron degenerando más y más en la pura
representación de intereses de cada cla¬se social. Nada puede
demostrarlo mejor que la divisa: El domi¬nio de la burguesía ha de
ser substituido por el del proletariado, es decir, se trata
únicamente de un cambio de la dictadura de clases, mientras que
nosotros queremos la dictadura dél pueblo, o sea, la dictadura de la
totalidad, de la comunidad.
No vemos que lo decisivo en una posición social sea una cla¬se
social; esto pasa en el sino y en el tiempo de los milenios. Esto
viene y desaparece. Lo que queda es la substancia en sí, una
substancia de carne y de sangre: nuestro pueblo. Es lo que es y lo
que permanece, y sólo ante él debe uno sentirse responsable. Sólo
entonces se creará la primera condición para la curación de nuestras
profundas heridas económicas. Sólo entonces se reavivará para
millones de seres humanos la convicción de que el Estado no es la
representación de los intereses de un grupo o una clase social y de
que el Gobierno no es el agente de un grupo o de una clase social,
sino el agente del pueblo en sí. Si de uno u otro lado hay hombres
que no pueden o creen no poder someterse o rendirse a ello, la nueva
autoridad tendrá que salir¬se con las suyas ya sea contra un lado o
contra el otro. Tendrá que hacer ver a todos que no deriva su
autoridad de la buena voluntad de cualquier clase social, sino de
una ley:  ¡la necesi¬dad de la conservación de la nacionalidad en sí!
Es necesario, además, eliminar cuantos sucesos abusen
cons¬cientemente de la debilidad humana para poder emprender con su
auxilio una empresa mortal. Al declarar yo hace 14, 15 años y
repetir desde entonces ante la nación alemana que mi misión ante la
historia alemana la veo en la destrucción del marxismo, no he dicho
una frase huera, sino un sagrado juramento que pienso cumplir
mientras circule una gota de sangre por mis venas.
Esta confesión, la confesión de un solo hombre, la he hecho
confesión de una poderosa organización. Una cosa sé ahora: si la
suerte se me llevase de este mundo, esta lucha sería continua¬da y
no acabaría nunca, este movimiento lo garantiza. Esta lu¬cha no es
ninguna lid que pudiera terminarse con un mal arreglo amigable. ¡En
el marxismo vemos al enemigo de nuestro pueblo, al enemigo que
aniquilaremos, que exterminaremos hasta la última raíz,
consecuentemente, inexorablemente!
Sabemos asimismo que en la vida económica suelen chocar a menudo los
intereses de unos contra otros, o parecen estar en pugna unos con
otros, que el obrero se siente perjudicado, que lo es a menudo y que
también el patrono se ve acosado, que a menudo también lo está, que
lo que para unos parece ser una ganancia, lo tienen otros por
desgracia propia, lo que para unos es un éxito, significa a veces
para otro la ruina segura. Lo sabe¬mos y lo vemos, y sabemos también
que los hombres sufren y han sufrido siempre sus consecuencias. Pero
precisamente por esto resulta ser muy peligroso el que una
organización no persiga otro objetivo que aprovecharse
conscientemente de estos terribles fenómenos de la vida para
destruir al pueblo entero. Por ser así, conviene destruir una
organizacián y exterminar una teoría que abusa de estas debilidades
naturales, de debili¬dades que radican en la insuficiencia de los
hombres, pues sa¬bemos perfectamente que la meta de toda esta
evolución, di¬go mal, de esta lucha entre el puño y la frente, entre
la masa, es decir, el número y la calidad es: destrucción de la
calidad de la frente. Esto no es seguramente una bendición para el
número, ni un encumbramiento del obrero, sino que viene a
significar: miseria, penuria, la ruina definitiva.
Vemos la crisis económica y no somos tan pueriles para creer que
todas estas dificultades puedan quedar eliminadas de la noche a la
mañana, con sólo anhelar algo mejor. Ponemos también la
insuficiencia humana en juego, la cual hará siempre una mala jugada
a los hombres y desnaturaliza con frecuencia las mejores ideas, la
mejor voluntad. Mas nosotros te¬nemos la firme voluntad y el
inquebrantable propósito de no dejar que llegue a tal punto, sino de
luchar y seguir luchando -toda la vida es una lucha continua- contra
tales eventos, de poner la razón en su lugar y hacer que el interés
común pase a primer término. Si se malogra por el momento, ¡lo que
hoy no se logra, deberá lograrse mañana! Y si alguien replicare:
¿Cree usted que cesarán algún día los sufrimientos, le contestare:
si, señor, cuando llegue la época en que no haya hombres
insufi¬cientes en el mundo, pero como temo que la insuficiencia de
los hombres no acabará jamás, los sufrimientos no cesarán nunca. No
es posible arreglar las cosas para toda la eternidad desde una sola
generación.
Cada pueblo tiene la obligación de cuidar de si mismo. Ca¬da época
tiene la misión de arreglar sus cuitas por si sola. No crean ustedes
que vamos a quitárselo todo al porvenir. No y no, tampoco queremos
educar a nuestra juventud para que se con¬vierta en sucio parásito
de la vida o para disfrutar cobardemen¬te lo que otros han creado.
No, lo que desees poseer tendrás que ganarlo de nuevo, tendrás que
lanzarte una vez y otra a la lucha. Para esto queremos educar a los
hombres. No queremos infundirles desde un principio la falsa teoría
de que esta lucha es algo innatural o indigno del hombre; todo lo
contrario, quere¬mos inculcarles la idea de que esta lucha es la
eterna condición para la selección, que sin la eterna lucha no
habría hombres en la tierra. ¡No, lo que hacemos ahora, lo hacemos
para nosotros!
Dominando hoy la crisis estamos laborando para el porvenir, puesto
que mostramos a nuestros descendientes cómo han de hacerlo cuando
les llegue su tiempo, así como nosotros debemos aprender del pasado
lo que tenemos que hacer hoy. Si la genera¬ción anterior a nosotros
hubiese pensado de igual manera, según nos quieren hacer creer, de
seguro que nosotros no estaría¬mos aquí. No puedo decir que para lo
futuro sea bueno lo que he creído falso para lo pasado. Lo que la
vida me da a mí y a nosotros, ha de ser justo para la vida de
nuestros descendien¬tes, de modo que estamos obligados a obrar con
arreglo a esto.
Debemos pues, proseguir la lucha hasta la última consecuen¬cia
contra los acontecimientos que han corroído al pueblo ale¬mán en los
últimos 17 años, que nos han causado tan terribles perjuicios y que,
de no haber sido vencidos, hubieran aniquilado a Alemania. Bismark
dijo una vez que el liberalismo era el en¬trenador de la
socialdemocracia. No es preciso que diga aquí que la
socialdemocracia es el entrenador del comunismo.
El comunismo es el entrenador de la muerte, de la muerte del pueblo,
de la ruina.
Hemos emprendido la lucha contra él y la continuaremos hasta el fin.
Como ya tantas veces en la historia de Alemania, así ahora se verá
que el pueblo alemán va adquiriendo, a medi¬da que aumenta la
miseria, mayor fuerza y nuevos bríos para hallar el camino hacia
arriba y hacia adelante. ¡También esta vez lo encontrará, digo más,
estoy convencido de que lo ha en¬contrado ya!
Paso ahora a la tercera medida: la liberación de las asociacio¬nes
consideradas primeramente como dadas, del influjo que creen ver en
ellas y poseer en estas asociaciones una última po¬sición de
retirada. ¡Qué no se entreguen a falsas conjeturas! Lo que ellos
construyeron lo tenemos nosotros por falso. Vemos que el genio
alemán despertó aquí lentamente en millones de individuos, contra la
propia voluntad de estos arquitectos, un sentimiento que hubo de
exteriorizarse en la institución de or¬ganizaciones poderosas. Ellos
mismos hubieran destruido las organizaciones. Se lo recibimos, mas
no para conservarlo todo para lo por venir, sino para salvarle al
obrero alemán los cénti¬mos ahorrados que ha invertido en la obra y
para que actúe con los mismos derechos en la formación del nuevo
estado de cosas, para darle la posibilidad de intervenir como factor
investido de iguales derechos que los demás. ¡Se ha de crear un
nuevo Esta¬do con él, nunca contra él!
No ha de tener la sensación de ser considerado como paria, como
proscrito o estigmatizado. ¡Bien al contrario! Desde un principio,
en la gestación y formación del nuevo Estado, quere¬mos inculcarle
el sentimiento de ser alemán que goza y disfruta de los mismos
derechos y prerrogativas que el resto de sus connacionales. El mismo
derecho no es en mis ojos otra cosa que el complacerse en tener los
mismos derechos y obligacio¬nes.
No se hable siempre, únicamente de derecho, háblese tam¬bién del
deber.
El obrero alemán debe disipar en los millones del otro lado la
creencia de que ni el pueblo alemán ni su revolución le importan un
ardite. Seguramente que habrá elementos que no quieran tal cosa.
También los hay del otro lado de nuestro pueblo. Sobre todos ellos
pasará la suerte a la orden del día.
Se encontrarán en Alemania hombres que con toda since¬ridad y de
todo corazón no quieran otra cosa que la grandeza de su pueblo. Ya
se entenderán unos con otros, y de fijo se entenderán, y si alguna
vez llegase a retornar la duda y a hacer¬les una mala jugada la dura
realidad, gustosamente actuaremos nosotros de corredores, de agentes
de cambio y bolsa.
La misión del Gobierno consistirá entonces en volver a jun¬tar las
manos que están ahora a punto de soltarse, haciéndo como agente
honrado y probo, y repitiendo al pueblo alemán una y otra vez: no
debeis reñir, no debéis juzgar por las apa¬riencias, no debeis
abandonaros por la sencilla razón de que la evolución haya seguido
tal vez en el decurso de los siglos cami¬nos que nosotros no podemos
tener por felices, sino que todos vosotros debeis tener siempre
presente que vuestro deber es la conservación de vuestra
nacionalidad. ¡Ya se encontrará entonces un camino, se precisa
hallar un camino! No puede decirse: se ha hecho imposible el camino
hacia la vida de la na¬ción porque la hora opone quizás
dificultades. Pasará la hora, mas la vida ha de ser y será.
Con ello adquiere un gran sentido moral el movimiento obrero alemán
en su totalidad. Al proceder a la construcción de un nuevo Estado,
de un Estado que sea el resultado de muy grandes concesiones de
ambos lados, queremos enfrentar dos contrayen¬tes que abrigan
sentimientos nacionales en su corazón, dos con¬trayentes que sólo
ven a su pueblo ante sí, dos contrayentes dispuestos a toda hora a
posponerlo todo para alcanzar este provecho común, pues sólo siendo
esto posible desde un prin¬cipio creo barruntar el.éxito de tamaña
acción.
Aquí decide también el espíritu del cual ha nacido el hecho. No ha
de haber vencedores y vencidos fuera de un solo vence¬dor: nuestro
pueblo alemán.
Vencedor de las clases sociales y vencedor sobre lo intereses de
cada uno de estos grupos de nuestro pueblo. Con ello contri¬buiremos
y llegaremos al refinamiento del concepto de trabajo, trábajo éste
que, como es natural, no puede hacerse de la noche a la mañana. Así
como este concepto ha sufrido sendas modifi¬caciones a través de los
siglos, así en este caso tendremos nece¬sidad de muchos siglos para
poder transmitir al pueblo alemán todos estos conceptos en su forma
pristina. El objetivo persegui¬do impertérritamente por el
movimiento que representamos yo y mis compañeros de armas será
elevar la palabra obrero a un gran título de honor de la nación
alemana. No en balde hemos incluido esta palabra en la denominación
de nuestro movi¬miento, y no porque esta palabra nos haya apartado
alguna vez un gran provecho. ¡Al contrario! Lo que nos trajo fue
odio y hostilidad de una parte, e incomprensión de otra. He¬mos
elegido esta palabra porque con la victoria de nuestro movimiento
queríamos elevar victoriosos el vocablo.
La hemos elegido para que en este vocablo se encuentra al final,
además del concepto pueblo, la segunda base: la unión de los
alemanes, pues nadie que abrigue una voluntad noble podrá hacer
profesión de otra cosa que de esta palabra.
Soy de por sí enemigo de aceptar títulos honoríficos, y no creo que
algún día haya quien me eche en cara lo contrario. Lo que no sea
absolutamente necesario que haga, no lo hago. Nunca quisiera
mandarme hacer tarjetas de visita con tíulos que le conceden a uno
gloriosamente en este mundo que habi¬tamos. No quisiera en mi lápida
sepulcral otro nombre que el mío seco y escueto. Probable es que por
los caminos que me ha trazado el sino esté yo más que nadie
capacitado para com¬prender la esencia, el ser y la vida toda de las
diversas clases del pueblo alemán, no porque haya podido observar
esta vida des¬de arriba, sino por haberla vivido en persona,  por
haberme ha¬llado en medio de ella, por haberme arrojado la suerte
capri¬chosa, o tal vez providencial, dentro de esta gran masa del
pueblo y de los hombres. Por haber trabajado yo luengos años como
simple trabajador para ganarme el sustento cotidiano, y por haber
estado por segunda vez en esta gran masa como sol¬dado raso, y
porque a la vida plugo confundirme con otras cla¬ses de nuestro
pueblo, al punto de poder decir que las conozco mucho mejor que
tantísimas personas que nacieron en ellas. Así es que la suerte
parece haberme predestinado a mí más que a ninguno a ser el  -
permítaseme emplear esta palabra pa¬ra mí-  el corredor o agente
honrado, el agente honrado en todos los sentidos.
Aquí no estoy interesado personalmente; ni dependo del Es¬tado ni de
ningún cargo público, como tampoco dependo de la economía ni de la
industria, ni de ninguna organizaci6n obrera. Soy un hombre
independiente y no me he propuesto otro ob¬jetivo que serle útil al
pueblo alemán en la medida de mis fuer¬zas, a ser útil aquí
precisamente a millones de hombres que tal vez por su buena fe, su
ignorancia y la maldad de sus antiguos leaders son los que más han
sufrido.
Siempre he creído y dicho que no puede haber cosa mejor que ser
abogado de todos aquellos que no pueden defenderse bien ellos mismos.
Conozco la gran masa del pueblo y sólo quisiera decirles una cosa a
nuestros intelectuales: todo Estado que querais le¬vantar
exclusivamente sobre las bases del intelecto es de cons¬trucción
endeble.
Conozco este intelecto: siempre cavilando, siempre investi¬gando,
pero también eternamente inseguro, eternamente vaci¬lante, móvil,
nunca firme. Quien quiera construir únicamente sobre este intelecto
un imperio, se convencerá bien pronto de que no construye nada
sólido ni estable. No es pura casualidad el que las religiones sean
más estables que las formas de Estado. En los más de los casos
suelen hundir más profundamente sus raíces en el seno de la tierra;
serían inimaginables sin esta gran masa del pueblo. Sé que las
clases intelectuales suelen ser atacadas muy fácilmente de la
arrogancia de querer medir este pueblo por el rasero de sus
conocimientos y de su llamda inte¬ligencia; y, sin embargo, hay aquí
cosas que a menudo no ve la inteligencia de los inteligentes porque
no puede verlas Esta gran masa es seguramente tarda en el pensar y
obrar, a veces retrógrada y poco amovible, no muy ingeniosa ni
tampoco ge¬nial, pero tiene algo: tiene fidelidad, tiene
perseverancia, tiene estabilidad.
Puedo decir: La victoria de esta revolución no hubiera sido nunca un
hecho si mis compañeros, la gran masa de nuestros pequeños
conciudadanos, no nos hubieran asistido haciendo alarde de una
fidelidad sin igual y de una perseverancia incon¬mutable.
Nada mejor puedo imaginarme para nuestra Alemania que lograr que
estos hombres, que están fuera de nuestras filas de combate, entren
en el nuevo Estado y se conviertan en uno de sus más fuertes y
poderosos cimientos.
Dijo una vez un poeta: "Alemania estará en el apogeo de su grandeza
el dia en que sus hijos más pobres sean sus ciudadanos más fieles". 
He conocido a estos pobres hijos por espacio de cuatro años y medio
como soldados de la gran guerra;   los he conocido, he conocido a
aquellos que quizá nada tenían que ganar para sí y que sólo
obedeciendo a la voz de la san¬gre, por el hecho de sentirse
alemanes, llegaron a ser héroes.
Ningún pueblo tiene más derecho que el nuestro a levantar monumentos
a su soldado desconocido. Esta impávida guardia, que se mantuvo
firme en tantas y tantas batallas sangrientas, que nunca vaciló ni
retrocedió, que ha dado tantos ejemplos de inaudito valor, de
fidelidad, disciplina y obediencia sin lí¬mites, tenemos que
conquistarla para el Estado, debemos ganarla para el Reich que
viene, para nuestro tercer Reich. Esto es, sin duda alguna, lo más
precioso que podemos darle.
Precisamente porque conozco este pueblo mejor que cual¬quiera que
conoce a la vez el resto del pueblo, estoy dispuesto en este caso,
no sólo a hacerme cargo del papel de agente hon¬rado, sino que me
siento feliz de que la suerte me haya depara¬do este papel.
¡No sentiré nunca mayor orgullo en mi vida que el poder de¬cir
cuando cierre los ojos para siempre: he ganado, luchando, al obrero
alemán, para el Reich de los alemanes!