lunes, 22 de octubre de 2018

LUGER PARABELLUM P 08

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 Nacionalidad: Alemania
Fecha: 1908-1942
Dimensiones: longitud total: 216 mm.; longitud del cañon: 100 mm.
Peso: 0,9 kg.descargada
Calibre: 9 mm. Parabellum

"Sic vis pacem para bellum" o "si quieres la paz, prepara la guerra". Así decían los antiguos romanos, verdaderos expertos en guerras. De aquel "para bellum", dirección telegráfica de la fábrica alemana DWM, parece ser que ha tomado el nombre la pistola semiautomática más célebre de todos los tiempos, la Parabellum, conocida también como P 08 o bien Pistola Modelo 1908. Sin embargo, tal vez el nombre más famoso sea el de "Luger", nombre debido a la costumbre de los coleccionistas americanos de denominar las armas con el nombre de quien las inventa, en este caso, Georg Luger. Con todo, este valiosísimo técnico no hizo todo él solo: alguien antes que él ya había trazado el camino que le llevaría al nacimiento de la Parabellum. Este alguien era Hugo Borchardt, quien en 1893 había proyectado una pistola semiautomática que, aunque pesada, incómoda y poco elegante, contenía en sí misma todas las características técnicas que encontramos en la Parabellum; del obturador articulado hasta el cargador de estuche extraíble colocada dentro de la empuñadura mecanismo totalmente difundido hoy, aunque en 1893 se trataba de una idea verdaderamente innovadora. Tanto Hugo Borchardt como Georg Luger trabajaron en Ludwig Loewe, sociedad que en 1893 se fusionó con la empresa Deutsche Munitionsfabrik dando vida a la famosa DWM. La pistola Parabellum nació en 1900 del trabajo conjunto de ambos bajo la marca DWM (conocida con las siglas P 00, siendo las dos últimas cifras el año de fabricación), arma que fue adoptada por el ejército suizo mucho antes que por el alemán. En práctica, las mejoras que aportó Georg Luger a la pistola de Borchardt se reducen a una racionalización global, sin duda muy valiosa, pero que no aporta ideas innovadoras. Sustancialmente, lo que hizo Luger fue inclinar la culata recta de Borchardt (unos 55 grados), obteniendo así la puntería instintiva del arma; eliminó el estorbo del alojamiento posterior del muelle de recuperación, introduciendo éste directamente en la culata, paralelo al cargador; finalmente, redujo la longitud del cañón de 19 a 12 centímetros añadiendo un seguro de presión en la parte posterior de la empuñadura, seguro que se bloqueaba simplemente empuñando el arma, evitando así que salieran disparadas las balas de forma accidental cuando el arma se caía al suelo. Por lo que se refiere al característico sistema de cierre geométrico, Luger ha aportado tan sólo algunos ajustes sobre el grupo por medio de un obturador articulado (denominado también "de rodillera") que Borchardt ya había aplicado en su arma corta, sistema que ya era conocido, habiendo sido utilizado en su momento en los Winchester de palanca y en las ametralladoras Maxim. Se trata de un sistema simple, basado en el principio de que un arco que posee diferentes puntos nodales se comporta como un elemento rígido si se carga de punta en la fase en la que las articulaciones se encuentran colocados en el mismo eje. Obviamente, en cuanto que una de las articulaciones se mueve lo más mínimo, la fuerza se descompone rompiendo dicho estado de equilibrio. En la Parabellum, el sistema de cierre se basa en dos articulaciones unidas entre sí por un perno cuyo eje está ligeramente más bajo respecto al del cañón. En el momento del disparo, el grupo cañón-culata comienza a retroceder, cargando de punta por la fuerza que le imprime la explosión en el lado del obturador; éste no se puede abrir ya que el eje de empuje pasa ligeramente por encima del eje transversal de la articulación; sin embargo, en cuanto las partes cilíndricas exteriores del cierre central encuentran los planos inclinados del fuste (rampa de desbloqueo), se interrumpe el equilibrio rígido del sistema ya que el punto central de la articulación se encuentra por encima del eje de empuje. En esta fase, la presión que se realiza sobre la recámara desciende a niveles de seguridad de forma que el cañón pueda bloquearse mientras que el obturador puede seguir sin peligro (para quien dispara) su recorrido de retroceso expulsando el casquillo. A continuación se realizan todas las acciones típicas de las pistolas semiautomáticas: desde la expulsión del casquillo hasta la inserción de un nuevo cartucho en la recámara. El ciclo comienza cada vez que se acciona el gatillo. Pero volvamos a nuestra Parabellum. La habíamos dejado en 1900, cuando, después de dos años de pruebas y modificaciones, Suiza había decidido adoptarla como "Pistole Ordonnanz 1900, system Borchard-Luger". Esta meticulosa definición nos hace comprender claramente lo injusto que resulta dar toda la paternidad de este arma a Herr Luger. De cualquier forma, el hecho es que el alba del nuevo siglo, los suizos tenían ya en sus arsenales las primeras 2.000 Luger P 00 de calibre, 7,65 Parabellum, el arma más futurista de la época, mientras que los alemanes todavía estaban intentando decidir cómo sustituir a los decrépitos Reichs-Revolver M79 y M83. La verdad es que las pistolas que adquirió el ministerio de la guerra del Reich no habían convencido a los militares debido al pequeño calibre de la Luger (7,65 mm), la cual disparaba además balines de plomo revestidos con una camisa de níquel (para sostener la fuerte velocidad que se generaba dentro del cañón), por tanto poco deformables en relación con la bala de plomo sin más de 10,6 mm de los revólveres de ordenanza, bala lenta pero dotada de un gran poder de contención, mientras que el pequeño, veloz y "duro" balín del cartucho inventado por Luger (también en este caso modificado el de la pistola de Borchardt) tendía a traspasar el cuerpo causando pequeñas heridas fácilmente cicatrizables siempre que no afectara a órganos vitales, como demostraron las pruebas que se realizaron en su momento, en las que se disparaba sobre cadáveres humanos o sobre animales vivos para poder evaluar los efectos. Entendiendo que el verdadero problema era que no podía ser "profeta en su tierra", Georg Luger puso a punto en 1901 el que todavía hoy es el cartucho más usado universalmente en las pistolas militares: el 9 mm Parabellum (llamado con frecuencia "9 Para"). Con este nuevo cartucho nacieron algunas versiones intermedias que dieron lugar al modelo 1904, es decir, a la primera Luger que adoptó Alemania, para ser más exactos, la Marina Imperial Alemana: calibre 9 mm, cañón de 152 mm de longitud, alza regulable de 100 a 200 metros colocado en la parte final del enganche colocado en el dorso de la empuñadura para poder colocarle una culata de madera, solución que ya se encontraba presente en la Borchardt. En este momento se había roto el hielo, y a Georg Luger no le quedaba más que perfeccionar aún más su criatura que conquistar incluso a los más recalcitrantes generales del ejército. En este momento vemos desaparecer el muelle de recuperación con lámina de acero, siendo sustituido por uno más robusto y fiable de espiral, el cual, a la vista de la estructura de la pistola, al encontrarse en la empuñadura tenía que cargarse no por comprensión, sino por tracción, aprovechando un tirante que atravesaba y que se unía al obturador a través de un brazo articulado. Hay que resaltar también la modificación que realizó en las dos orejas de armamento, eliminando los salientes y alargándolo totalmente para mejorar su sujeción entre el dedo pulgar e índice. Incluso el seguro de la empuñadura fue eliminado, llegando así a la pistola Parabellum Model 08, conocida como P 08 (aunque conocida por todos simplemente como "Luger"), arma que en 1908 fue adoptada por el ejército alemán como "ordenanza" y que sirvió a los soldados de la República de Weimar y a los del Tercer Reich hasta el final de la Segunda Guerra Mundial, aunque en 1940 fue sustituida oficialmente por la menos romántica, aunque más eficiente, y sobre todo menos costosa P38. Hablar de las infinitas variantes de la Parbellum sobrepasa los límites de estas breves notas y el apasionado no encontrará dificultad para ampliar sus conocimientos con la literatura específica existente sobre el tema. Es más importante citar otro modelo fundamental de la P 08, es decir, el modelo de artillería (denominado LP 08 y adoptado en 1913), que se distingue por su largo cañón (de 20 centímetros) y por el alza de cursor regulado para el tiro hasta 450 metros, colocado prácticamente sobre la recámara. Obviamente, incluso este modelo posee el enganche para la culata que transforma este arma de cañón largo en una propia y verdadera carabina, precisa y fiable en un radio de tiro de casi 200 metros. A la Luger se le han hecho demasiados elogios; cada año que pasa se refuerza el mito haciendo olvidar que, como arma de guerra, incluso la P 08 tenía sus "defectillos", empezando por el elevado coste y por las difíciles, largas y numerosas operaciones mecánicas necesarias para producirla. En efecto, una P 08 funciona perfectamente si todas sus piezas se realizan con materiales de primera calidad, adecuados tratamientos térmicos y mínima tolerancias de elaboración, lo que ciertamente no asustaba a los neutrales suizos, pero sí hizo reflexionar a los alemanes, siempre en pie de guerra y, por tanto, con problemas de tiempos y de costes. Sin embargo, en el fondo, a parte de la Colt-Browning 1900, no había mucha elección en aquella época. Y además, digámoslo claramente, ¿habrían podido adoptar los alemanes un arma que no fuera alemana? En definitiva, se trata de una pistola semiautomática equipada con un cargador de ocho disparos. Producida por DWM, arsenal de Erfurt, Mauser, Simson y Krieghoff, cuenta con un pequeño retroceso y un sistema de cierre geométrico con obturador articulado. El cañón está diseñado con seis estrías de destrogiro. El paso es de una vuelta y 250 milímetros. Entre 1908 y 1942 se fabricaron un total de 2,5 millones de unidades.

Nebelwerfer

  distintos modelos



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Nebelwerfer es el nombre que recibe el lanzacohetes (aunque la traducción literal es lanzanieblas) estándar del ejército alemán.
 Desarrollado en la década de los 30 este elemento de artillería se usaba contra blancos de tierra. Fue diseñado por el austriaco Stampom y era el arma más rápida de su clase, con un poder de destrucción alto, debido a sus misiles de 33 kg. El fuerte ruido chirriante que producían los cohetes hizo que los soldados americanos en la Campaña de Sicilia lo bautizasen como Screaming Meemie (mimmie la aulladora)

Había dos variantes terrestres y una adaptación aire-aire:

El Nebelwerfer 41 estaba equipado con seis cañones, cada uno disparaba un cohete Wurfgranate 41 de 34 kg y 150 mm cada 3 segundos hasta una distancia de aproximadamente 6800 metros (7437 yardas). El posterior Nebelwerfer 42 tenía cinco cañones de 210 mm y podía disparar sus cohetes Wurfgranate 42 de 114 kg hasta una distancia de aproximadamente 8.000 metros (8749 yardas). Esta variante estaba equipada con unos raíles internos extraíbles para permitir el uso del cohete de 150 mm. Estas armas dotaron al ejercito alemán con un arma a la vez eficaz y económica. Los lanzacohetes no tiene, desde luego, la precisión de la artillería convencional, pero, gracias a los Nebelwerfer, resulto posible obtener rápidamente concentraciones de artillería y gruesas cortinas de humo. Los alemanes utilizaron sobre todo el Nebelwerfer 41 de 150 mm que apareció en 1942. Estaba compuesta por 6 tubos, montados sobre una cureña de doble timón. Disparaba obuses de gran carga explosiva o fumígenos(de ahí el nombre de lanzanieblas, pero también había en reserva obuses de gas. La carga propulsora se encontraba en la parte delantera del proyectil y el explosivo en la trasera. Con encendido eléctrico, el cartucho contenía 2,4 Kg de explosivo.
 La dotación del Nebelwerfer estaba compuesta por 4 hombres, de los cuales 2 se ocupaban de cargarlo.
Cuando el artefacto disparaba los cohetes salían en el sentido de las agujas del reloj, visto desde atrás, y con 2 segundos de intervalo. Los tubos quedaban vacíos en 12 segundos. Un potente rugido acompañaba los disparos y un rastro de humo se iba formando tras los proyectiles. Como todos los cañones sin retroceso, el Nebelwerfer tenia el inconveniente de producir una gran llamarada al ser disparando. Esta llamarada y el humo traicionaban a menudo la posición del Nebelwerfer. Para protejerse de ella los servidores llevaban trajes de protección.
 Una manera de solventar los problemas de movilidad del Nebelwerfer era montar el los cañones lanzacohetes en un vehículo motorizado, como en el caso del Maultier 42 Panzerwerfer, una montura ligeramente blindada con neumáticos en la cabina y tracción a oruga en la parte de atrás, que soportaba la mayor parte de la carga. Más tarde fueron ideados soportes de metal ligero o incluso de madera, para solucionar las peticiones de este arma en la linea del frente y la creciente escasez de materias primas. Los armazones podían ser transportados mediante un camión y montados por un pequeño número de hombres que abandonaban rápidamente su posición después de dispararlo.
 Se trata del Werfergranate 21 una variante más bien pesima porque el alto arrastre provocado por los lanzadores reducía la velocidad y maniobrabilidad de la aeronave, lo que podría ser letal si se encontraban con los cazas Aliados. Además la configuración del montaje bajo el ala, que generalmente dirigía el cohete unos 15º hacia arriba respecto del plano de vuelo, para contrarrestar la considerable caída balística del proyectil en vuelo después del lanzamiento, se añadió al problema de arrastre.

Especificaciones.
Peso: 540 Kg
Longitud: 1.3 m
Tripulación: cuatro
Calibre: 150 mm
Cañones: 6
Alcance máximo: 6,800 m

La División Azul

 La División Azul
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la historia de la 250.ª División de Infantería de la Werhmacht, también llamada División Azul. La principal fuente será el libro de Osprey "Blue Division Soldier 1941-45: Spanish Volunteer on the Eastern Front" (Warrior 142), de Carlos Caballero Jurado. Si surgen otras fuentes, ya las iremos citando.

Introducción (I)
Tras la Guerra Civil española surgieron voces para proseguir el conflicto contra la URSS, a la que se culpaba de los males acaecidos sobre España. Con la victoria nacioanlista, Falange se convirtió en el principal partido del régimen, y postulaba por una revolución siguiendo las lineas del fascismo italiano y del nazismo alemán para convertir a España otra vez en una gran potencia. Pese a todo, Falange contaba con poco poder dentro del Estado, dominado por las fuerzas conservadoras tradicionales, para desespero de los falangistas.

La alianza entre Hitler y Stalin para repartirse Polonia puso difícil las cosas a los partidarios de unirse a Alemania, pues no podían admitir colaborar con el gran anticristo y las celebraciones por la conquista de Polonia fueron tíbias. No ocurrió lo mismo con la derrota de Francia en mayo de 1940, enemigo tradicional de España, y que provocó un gran entusiasmo y grandes presiones sobre el Caudillo para entrar en la guerra del lado alemán, y recuperar así Gibraltar y partes del imperio africano francés. Pero Franco no estaba seguro, ni quería participar en un conflicto estando España tan postrada.

La tensión iba creciendo entre falangistas, católicos, monárquicos y conservadores. Los primeros se veían desplazados por los otros en la lucha por el poder, y su revolución postergada. Además, eran el objetivo de la crítica de los otros tres grupos citados, que querían que Franco cortara sus lazos con Alemania, con Falange y restaurara la monarquía.
Cuando Hitler invadió la URSS el 22 de junio de 1941, una fiebre inesperada, que ni siquiera tuvo paragón en Alemania, recorrió España. Grandes demostraciones se dieron en las principales ciudades españolas, organizadas por Falange, y se pidió el envío de voluntarios para luchar en el frente oriental. Con la memoria todavía fresca de lo sucedido con la guerra civil, la creación de la División Azul contaría con un masivo apoyo inicial.

La Cruzada anti-bolchevique

La oportunidad de luchar contra Rusia se tomó como el momento de vengarse por lo sufrido durante la Guerra Civil, que ya había sido calificada como cruzada por el Vaticano. Ahora se veía claro que o Hitler derrotaba a Stalin, o éste al alemán, y una victoria comunista era algo que en España sólo provocaba escalofríos.

De ahí el apoyo masivo de todas las clases sociales españolas que habían apoyado la sublevación del 18 de julio de 1936. España, que había sido la "primera en derrotar al comunismo", debía completar el trabajo comenzo entonces. Por encima de todo, el odio hacia el comunismo fue el principal motivo que llevó a los voluntarios de la Azul a alistarse desde 1941 en adelante. Una muestra de ello es que, por más desprecio que inspiraran Francia y Gran Bretaña, jamás se formó una unidad de voluntarios españoles para luchar contra ellos.

Reclutamiento y organización en España (1941-43).

Al comienzo, Falange propuso enviar una unidad de voluntarios que, en su totalidad, serían falangistas. La idea fue propuesta por Ramón Serrano Suñer, ministro de asuntos exteriores y jefe de la Junta Política de Falange. Así se lucharía contra el comunismo y se aumentaría la influencia de Falange.

Durante la guerra civil miles de voluntarios se habían agrupado dentro de las "Banderas", de tamaño batallón, de Falange, hasta que fueron incorporadas al ejército. Tras el final de la guerra, Falange intentó crear su propia milicia armada, al estilo de la MVSN fascista o las SS nazis, pero, aunque fue aprobada, el ejército se aseguró de que no fuera más que una organización fantasma. Cuando Falange propuso crear la División Azul como una unidad falangista, el ejército decidió imperdirlo
El general Varela, ministro del Ejército y que se oponía abiertamente a Falange, no aceptó la idea de Serrano y propuso enviar una división de tropas regulares. Esto, sin embargo, hubiera implicado una declaración de guerra casi oficial contra la URSS, por lo que se llegó a un acuerdo. Los mandos y suboficiales serían profesionales del ejército, así como las unidades especializadas -comunicaciones, por ejemplo-, y soldados que se quisieran alistar. El resto serían voluntarios reclutados por la milicia falangista.

Un tercio de los efectivos procedían del ejército: todos los oficiales y suboficiales y parte de la tropa -que incluía a numerosos falangistas que hacían su servico militar. Falange reclutó al resto, entre los que se contaba un numero considerable de universitarios. El Sindicato de Estudiantes Universitarios (SEU) era la sección más radical de Faflage, y la que más apoyó su creación. Unos 4.000 estudiantes sirvieron en la división, incluso a su lider nacional. Asimismo, creyendo que la formación de esta unidad tendría un gran peso la el curso de la política española tras la supuesta victoria alemana, muchos lideres falangistas se ofrecieron voluntarios.

El resto de voluntarios no falangistas incluían conservadores, monárquicos, etc, igualmente anti-comunistas. Debido al alto número de voluntarios falangistas,. la División Española de Voluntarios fue bautizada como la División Azul, por las camisas de Falange.

La derrota frente a Moscú demostró que la guerra iba ser larga. La División Azul sufrió tremendas bajas durante las operaciones de otoño de 1941 al invierno de comienzos de 1942. Pese a las notícias que llegaban a España sobre las duras condiciones de combate, cuando llegó el momento de llamar a los voluntarios para reemplazar las bajas, la mayoría de los que no se pudieron ir con el grupo inicial se alistaron.
Para entonces, el reclutamiento estaba en manos del ejército. Varela propuso reemplazar la "primera división", en la que predominaban los falangistas, por una "segunda" integramente militar. Serrano era consciente de que mientras miles de falangistas luchaban en Rusia, los elementos más reaccionarios del franquismo se habían aprovechado del poder que había quedado vacante y que Falange comenzaba a perder influencia. Por ello el partido pidió el regreso de los líderes más importantes y comenzó a intentar asegurrse de que no había un éxodo masivo de falangistas hacia el frente oriental.
Normalmente los alemanes dedicaban una gran cantidad de tiempo a entrenar a sus tropas. Pero para el verano de 1941 se temía que el ritmo de victorias alemanas haría que para cuando la Azul estuviera lista, la guerra hubiera terminado. El general Muñoz Grandes persuadió a los alemanes a autorizar un programa de entrenamiento reducido a un mes de duración, argumentando que sus hombres eran veteranos de la guerra civil.

En realidad, esto sólo era cierto en el caso de los oficiales y los suboficiales y una minoría de voluntarios. La mayoría de los voluntarios se habían incorporado porque, por un motivo u otro, no habían tenido la oportunidad de luchar contra los "rojos".

Los alemanes conocían el ejército español, modelado según el francés, que ellos habían derrotado a conciencia en 1940, y consideraban que sus tácticas y entrenamiento eran muy deficientes. Pero accedieron a la petición de Muñoz Grandes porque creyeron que la Azul apenas tendría tiempo de tener nada más que una influencia simbólica en la lucha.
Los soldados españoles se mostraron como buenos estudiantes y se familiarizaron rapidamente con el equipo y las armas alemanas, pese al poco tiempo. Los sucesivos reemplazos serían entrenados con la misma rapidez y enviados al frente con la mayor celeridad posible.
Uno de los aspectos únicos de la División Azul es la excelente cuadro de mando que tuvo. Cerca de 2.400 oficiales pasaron por la división, y más 300 de ellos acabaron sus carreras militares con el rango de general.

Tras la guerra civil el ejército había sido depurado y era enteramente anticomunista. Los mejores oficiales earn destinados a Africa, con la Legión o los Regulares. La Azul pronto se ganó el mismo nivel de prestigio que estos dos cuerpos, ya que contaba con muchos oficiales procedentes de los mismos.

Una de sus menos encomiables características era el concepto que los mismos oficiales tenían de ser una casta aparte de suboficiales y soldados, algo que, cuando se entró en contacto con la Wehrmacht, quedó en evidencia. Los soldados españoles quedaron impactados a ver a los oficiales alemanes, generales incluídos, haciendo cola en los comedores militares junto con la tropa.

La división estuvo mandada por los generales Agustín Muñoez Grandes (agosto 1941 - 12 de diciembre de 1942), Emilio Esteban-Infantes Martín (hasta el 20 de octubre de 1943) y Santiago Amado Lóriga (hasta diciembre de 1943, cuando fue disuelta la división de manera oficial).

Muñez Grandes fue el más destacado de todos ellos. En su família no había habido militares de carrera y él había mandado tropas coloniales en Marruecos, donde fue heridos ocho veces. Era uno de los oficiales más respetados del ejército español. No simpatizaba con la monarquía, a diferencia de sus compañeros, y cuando llegó la República se le pidió que organizara un cuerpo de policía de élite. Sus convicciones religiosas y patriotismo le impidieron colaborar con el Frente Popular y comenzó a inclinarse hacia Falange. Al producirse el Alzamiento, fue detenido y condenado a muerte. Tras varios meses en la carcel, sus antiguos subordinados en la policía lograron sacarle de la carcel y hacerle llegar a la zona nacional. Allí ascendio rapidamente, llegeando al mando de un cuerpo de ejército.

Al finalizar la guerra fue nombrado secretario general de Falange, por ser uno de los pocos generales que simpatizaban con ella, pero dimitó pronto, porque no le gustaba la política. Estuvo al mando entonces de las fuerzas desplesgadas en torno a Gibraltar.

Era un oficial carismático, adorado por sus subordinados, a los que trataba de manera paternal y se preocupaba porque tuvieran lo mejor. Para ello, visitó por sorpresa el frente en numerosas ocasiones. A nivel personal, era austero y extraordinariamente sobrio. Nunca llevó todas sus condecoraciones en el unifome y nunca usó el abrigo de general de la Wehrmacht, con sus marcas rojas tan evidentes, sino el de un soldado común. No prestaba demasiada atención a la etiqueta alemana, como tampoco hacían sus soldados, y usaba una bufanda amarilla y se le solía ver fumando. Gracias a la devoción que inspiraba a sus hombres, éstos estaban dispuesto a hacer todo tipo de sacrificios por él, lo que le permitía poder tener la confianza de que obedecerían sus órdenes.

Era un firme partidario de la Alemania Nazi. Creía que una alianza de España con Berlín permitiría convertir de nuevo a España en una gran potencia.
Los alemanes pronto aprendieron a confiar en él, y disfrutó del favor que Hitler, que esperaba que Muñoz Grandes reemplazaría a Franco como jefe de gobierno. Tras la guerra ocupó diversas posiciones de importancia tanto militares como políticas.
El general Esteban-Infantes debía haber reemplazado a Muñoz Grandes como comandante en junio de 1942 pero ést se negó, sabedor de que contaba con el apoyo alemán. Por ello, Esteban-Infantes se limitó a ser segundo en el mando hasta diciembre de 1942. Durante su periodo de mando la División Azul luchó en la batalla más dura de su historia, en Krasny Bor. Los alemanes, por cierto, no tuvieron gran estima a Esteban-Infantes. Éste, tras la guerra, ocupó varios importantes cargos militares en España y fue uno de los que más se preocupó por los veteranos de la Azul, encontrándoles empleo, casa y otros privilegios. Fue el autor de la primera historia de la unidad.

El último comadnante, el general Amato, había sido coronel de uno de los regimientos de la división en Rusia, y fue ascendido al mando de la misma estando allí. Se limitó a supervisar su repatriación.

Los comandantes de regimiento y de batallón fueron escogidos por Muñoz Grandes y Esteban-Infantes . En ambos casos, seleccionaron hombres que consideraran apropiados. Muñoz Grandez seleccionó vetranos de África, algo dudosos de la efectividad de una división formada por estudiantes y no sabían como manejar a estos hombres, lo que complicó las relaciones al comienzo, porque éstos no se esperaban tener una disciplina tan dura como la de la Legión. Una vez la campaña comenzó y los falangistas demostraron no se rpeores soldados que los legionarios, la tensión desapareció y los soldados descubrieron en sus mandos los mejores oficiales que podían haber deseado.
Los oficiales de Esteban-Infantes procedían de academias militares y también contaban con experiencia en África, pero más de uno tuvo problemas para adaptarse a Rusia y tuvo que ser relevado. Muchos comandantes de batallón fueron muy populares y lograron convertir a sus unidades en formaciones de élite. El más famoso de estos fue, sin lugar a dudas, el comandante Miguel Román Garrido, procedente de los Regulares y con lazos con Falange. Su batallón, el II./269, destacó en todas las acciones en las que tomó parte y sufrió más bajas que cualquier otro batallón de la unidad.

Mientras que los comandantes de regimiento y batallón de la Azul eran profesionales que habían comenzado sus carreras antes del comienzos de la Guerra Civil, no era el caso con los oficiales de rango inferior. El cierre de la Academia de Toledo causó un descenso en el número de oficiales con cierta capacidad, y la Guerra Civil acabó con la vida de muchos más. Para solucionar este problema se creó el Cuerpo de Oficiales Provisionales, que debía existir sólo mientras durara la guerra. Así fue como miles de universitarios se convirtieron en "alféreces provisionales". Los que demostraron la suficiente aptitud fueron ascendidos a "tenientes o capitanes provisionales" y, al finalizar la guerra, muchos volvieron a sus ocupaciones civiles, pero otros decidieron permanecer en el ejército. Para ello se crearon las "academias de conversión" para que estos oficiales pudieran completar su enternamiento. Este proceso no había finalizado cuando comenzó el reclutamiento de la Azul. Los cadetes de estas academias se presentaron voluntarios en masa. Tantos fueron los que se apuntaron que los que no consiguieron una plaza como oficial se alistaron como soldado raso en las oficinas de Falange.

Para estos jóvenes oficiales, la idea de servir junto a la Wehrmacht, en aquel entonces la mejor fuerza militar del mundo, era la manera ideal de completar su enteramiento. Querían demostrar que podían ser tan buenos soldados como los alemanes, y marcharon a Rusia con la idea de aprender las técnicas militares más avanzadas. Establecieron excelentes lazos con los hombres a su mando. Al no ser de la casta tradicional, y quizás por su pertenencia a Falange, tenían un gran sentido de camaderia con sus compañeros, que perduraría tras la guerra.

La gran diferencia con la Wehrmacht eran los suboficiales. En el ejército español no había academias donde formarlos. En su mayoría eran soldados con muchos años de servicio y poco o ninguna formación academica, y no era raro encontrar aquellos que permanecían en el ejército por tener un techo y una comida caliente. Estos eran despreciados por los oficiales y odiados por los soldados.

Durante la Guerra Civil, miles hombres se convirtieron en "sargentos provisionales". Al finalizar la guerra, estos no recibieron la misma anteción que los oficiales provisionales, y muchos tuvieron que aceptar ser degradados a cabo si querían continuar en el ejército, lo que frustró a muchos. Esta falta de consideración demuestra algo interesante. Por cada plaza disponible para un soldado en la Azul en julio de 1941, se ofrecieron 4 o 5 voluntarios, y para los oficiales 10 por cada puesto. Para los suboficiales faltaron hombres para cubrir todos los puestos. Esto se hizo más evidente al comparar la Azul con las formaciones alemanas, que tenían más suboficiales y para tareas que no se les daba en España. El respeto con el que eran tratados en Alemania por parte de soldados y oficiales era causa de gran envidia.
Otros problemas sería como reemplazar a los suboficiales que habían pasado mucho tiempo en el frente -un problema que no existía con los otros rangos-, al no haber suficientes reemplazos en España.
Se ha repetido muchas veces que los primeros reclutas de la Azul fueron universitarios. También se alistaron profesores, pero en menor número, junto a doctores, periodistas, políticos y escritores. Se puede decir sin duda que nunca antes -ni después- se puede encontrar una unidad con tanto nivel intelectual en sus filas.

Pero no sólo de estos volunarios dependía la Azul. Gran parte de sus efectivos surgieron de la clase media en su primer contingente. Los obreros, que habían apoyado al frente popular, se presentaron en menor número, aunque nunca faltaron los trabajadores industriales en las filas azules.

Para 1942 y 1943 la situación cambió, y los eclutas comenzaron a proceder del ambiente rural, sobre todo castellanos y gallegos, que dejaban por primera vez sus pueblos para realizar el servicio militar. El perfil de la división, por tanto, cambió con estos nuevos reclutas. En esta segunda fase se puede apreciar la gran cantidad de veteranos de Marruecos, sobre todo legionarios, que se alistaban.
En resumen, todos ellos, altamente motivados por sus creencias políticas, demostraron ser tremendos luchadores. Endurecidos por el trabajo o por la guerra, respetuosos de la jerarquía, frugales y austeros, formaron las filas de la división en el helado frente ruso.
Como muchos otros ejércitos de su época, el español se basaba en el que se consideraba el mejor del mundo, el francés, y se hallaba lejos del concepto de blitzkrieg.

Ello se vió cuando la Azul cruzó el río Volkov en octubre de 1941 y operó según sus líneas tradicionales: avance -algo lento para los alemaens, que censuraban la obsesión española en proteger sus flancos. Cuando los alemanes ordenan la detención del ataque, es debido a que quieren concentrar sus esfuerzos en su ataque contra Tikhvin y el río Svir. La Azul pasa a ocupar posiciones defensivas, y lo hace según el modelo francés, rígido, en lugar del más flexible alemán, que favorece el uso de su superioridad en maniobras tácticas. Esto tiene lugar durante la ofensiva de invierno rusa, cuando Hitler insiste en pegarse al terreno. La Azul opera a la perfección en estas circunstancias.

La debilidad de la división en cuestiones de guerra de movimientos se vuelven a ver durante las operaciones contra las fuerzas soviéticas en la bolsa del Volkov, durante la primavera y el verano de 1942. De manera específica los alemanes se refieren a las complicaciones para coordinar sus ataques con los españoles, además de la barrera del lenguaje. Cuando se combate en el frente de Leningrado, estático, la Azul lucha magnificamente en esas condiciones.

Pero para los alemanes la rigidez defensiva española era la causa de un elevado número de bajas, innecesario según su punto de vista. Para los alemanes, los españoles compensaban su falta de práctica táctica con coraje. Surge la leyenda del valor fanático de los legionarios y su grito de batalla de "Viva la muerte", y la creencia de los falangistas en que morir por la patria es la mayor forma de valor.
Para desesperación de los alemanes, los españoles daban sus ordenes a toque de corneta, o, en el caso de los falangistas, se ponían a cantar al comienzo de sus ataques. O se exponían innecesariamente al fuego enemigo. Algunos oficiales españoles estudiaron las causas princiaples de sus bajas: fuego de mortero, porque los soldados consideraban de cobardes ponerse a cubierto cuando les diparaban con esas armas.
Para los soldados españoles, la URSS fue un infierno. Ni los voluntarios que procedían de las zonas más frías de España podían habituarse al frío ruso, ni a estar semanas sin ver el sol.

La primera gran sorpresa fue la "rasputitsa", el fango ruso. Cuando los españoles cruzaron el Volkhov en 1942, la rasputitsa estaba todavía presente y contribuyó a frenar el avance español. Todos los vehículos, hasta las bicicletas, quedaron inservibles.

Durante las operaciones contra la bolsa del Volkhov, los españoles se tuvieron que enfrentar a un territorio que no les era familiar: los densos y pantanosos bosques del norte de Rusia. Tenían que avanzar con el agua por la rodillas por bosques de una densidad y un tamaño desconocido en España, bajo el tormento de una nube de mosquitos.

Pero lo peor era el intenso frío, que comenzó a caer a comienzos de octubre. Los soldados no se podían creer la espectacular caída de las temperaturas. Para ellos fue un shock encontrarse luchando en condiciones articas. Era algo que ni siquiera aparecía en los mejores manuales médicos españoles. Huelga, por tanto, decir que las bajas causadas por el frío fueron altas.
Es un tributo al coraje y al valor de estos voluntareios que la unidad siguiera combatiendo y no se derrumbara en tales circunstancias. En el segundo invierno de 1943 la situación mejoró al disponerse de ropa adecuada que entregó la Wehrmacht y el despliegue en la zona de Leningrado, donde las temperaturas era algo más suaves.
En el frente de Leningrado el estilo de lucha era muy similar a la de la Gran Guerra, o de algunos frentes de la guerra civil española: la guerra de trincheras. Pero mientras que en España este tipo de enfrentamiento había sido de baja intensidad, en el frente ruso no lo era. Aunque las grandes batallas se disputaran en cualquier otra parte, los combates eran contínuos a lo largo de todo el frente. Se efectuaban incursiones a nivel de compañía e incluso de batallón, con gran apoyo artillero. Era un frente relativamente estable, pero nada tranquilo. Las cifras de bajas demuestran que en muchos de los meses en los que la Azul no participó en grandes operaciones, el número de muertos y heridos sumaban el equivalente a un batallón.
A eso se tenía que sumar el hecho de construir y mantener y las trincheras. Veteranos de la Azul recuerdan con desagrado lo odiosas que eran esas tareas. En lugar de participar en grandes aventuras, se veían haciendo uso del pico y la pala. La costumbre de hospedarse en las casas de los campesinos en lugar de las posiciones o en bunkers causó bastantes bajas, porque dichas construcciones de madera eran el objetivo favorito de la artillería rusa. El sentimiento de que el soldado español "moría de pie, no enterrado como una rata" parece justificar la aversión a las trincheras.
Como cualquier unidad de combate, la Azul recibió pequeños contingentes de refuerzos desde el comienzo mismo de su existencia, para suplir al personal que había sido rechazado. Las terribles bajas de comienzos de 1942 causaron el envío de grandes cantidades de reemplazos (tres batallones) durante los tres primeros meses de 1942.

En abril de 1942, el general Varela, ministro de la guerra, intentó organizar una "Segunda División", como ya se ha mencionado, para reemplazar a la "Primera". Para ello ordenó la creación de nuevos batallones que reemplazarían a los originales de la Azul. Ni los alemanes ni Muñoz Grandes aprobaron esta idea, pues era absurdo desprenderse de veteranos endurecidos cuando se esperaba retomar la ofensiva con la llegada del verano. A medida que los batallones de marcha llegaban al frente de Este, eran disueltos y sus efectivos distribuídos por las diferentes unidades de la división. Por tanto, el relieve en masa de la división nunca se llevó a cabo. Desde entonces, en lugar de enviar un gran número de batallones de marcha a la vez, su partida se lelvaba a cabo a inernalos regulares.

Los veteranos, los "guripas", recibían con cierto aire de superioridad a los novatos, a los que apodaron "mortadelas". Las diferentes sociales y psicológicas entre los miembros del contigente inicial con los de los batallones de marcha enfatizaban el contraste entre ambos. El temor de que estos novatos no estuvieran a la altura quedó olvidado cuando la división, compuesta en su mayoría por "mortadelas", luchó en la mayor batalla de su historia, en Krasny Bor, y demostró estar a la altura.

En 1942 se enviaron a Rusia 19 batallones de marcha, con 16.500 voluntarios, y otros ocho en 1943, con 7.500 voluntarios. Esto permitió que la Azul mantuviera sus efectivos en nieve batallones de infantería, más el de reserva, que era una unidad de choque, cuando las formaciones alemanas disminuyeron sus efectivos de nueve a seis batallones por división.
Esto permitió el regreso de muchos veteranos, de manera que ocho batallones marcharon de vuelta a España en 1942 y otros cinco durante 1943. Además de estos batallones se enviaron pequeños frutos de oficiales y suboficiales, para reemplazar las perdidas entre este especilizado grupo, demasiado vital para esperar a la llegada de un batallón de marcha.

Uno de los métodos más comunes para subir la moral era la entrega de condecoraciones. Como unidad de voluntarios españoles recibió alemanas y españolas, obviamente. Ocho miembros de la Azul recibieron la Laureada de San Fernando, siete a título postumo; también se otorgaron 42 Medalla Militares indivduales y dos colectivas. Muchas recomendaciones para la Laureada y para la Medalla Militar fueron rechazadas porque a partir de 1943 era obvio que Alemania estaba perdiendo la guerra, y nadie quería provocar a los aliados.
También se recibieron 2.370 Cruces de Hierro de 2ª Clase y 138 de 1.ª, aunque falt documentación. Según los documentos disponibles en españa las cifras alcanzas 2.500 y 150, respectivamente. La Cruz de Mérito con Espadas de 1ª y 2ª clase fue otorgada en número similar.
De no haberse recibido medallas españolas, se hubieran recibido más alemanas, pues la práctica del mando de la Azul era proponer a sus hombres para medallas de la Wehrmacht una vez ya habían recibido una española. Además de la Cruz de Hierro, otra medalla alemana muy apreciada era la Infanterie Sturmabzeichen

A partir de 1943 el OKW acuñó una medalla conmemorativa de los voluntarios españoles, algo excepcional que no fue repetida con otras unidades de voluntarios extranjeros. Ese mismo año el gobierno español acuñó una medalla similar. También se recibió la Orden de la Aguila Alemana, una medalla creada por el gobierno alemán para los ciudadanos extranjeros.
La opinión alemana respecto a la Azul, Hitler y propaganda a parte, era muy crítica, como se comprueba en los informes que realizaban los oficiales agregados a la Azul respecto a las capacidades de los oficiales y la disciplina de la unidad. Lo mismo cuando los comandantes de cuerpo a la que se asignó la división informaban sobre la misma. Las críticas son parecidas a las referidas a las unidades italianas, húngaras y rumanas, o respecto a las legiones de voluntarios anticomunistas en el Heer o en las W-SS.

La mayor preocupación venía al respecto de la supuesta falta de disciplina de los soldados españoles. Las tradiciones prusianas parecían completamente ajenas al espíritu españolí que no sorprende que los oficiales alemanes opinaran como lo hicieron. A eso cabe sumar la visión racista que generaba el régimen nazi. Los españoles, con su piel tan oscuro y tan bajitos, parecían más gitanos que otra cosa. Peor aún, deshonraban el uniforme al usarlo sin atender a las normas.

Estas acusaciones tenían algo de verdad. Los comandantes de la Azul no encontraban fácil tener que castigar por infracciones menores a hombres que se habían ofrecido voluntarios para luchar contra el comunismo. Un ejemplo: en el invierno de 1942, un sargento armero de un batallón, al ver que las MG34 no fucionaban correctamente, las modificó cortando parte del muelle de retroceso. Cuando los alemanes que efectuaban tareas de enlace descubrieron dicha modificación en una revisión, acusaron al suboficial de sabotaje y exigieron su castigo. En lugar de ello, fue condecorado por mostrar iniciativa para asegurarse que las armas funcionaran bien.

Pese a todo, los oficiales eran conscientes de la crítica alemana, y tomaron enérgicas medidas. Cientos de voluntarios fueron devueltos a España como "indeseables", por tener simpatías izquierdistas, enfermedades venéreas, resistencia a la disciplina y homosexualidad, por ejemplo. En el frente se aplciaban los castigos con severidad, como fue el caso de 100 hombres de la Azul que pasaron por las cárceles militares españolas. En algunos pocos casos se llegó a aplicar la pena de muerte.

Los españoles sentían que eran vistos con desprecio y que los usaban como carne de cañón, lo que era falso, pues a Alemania la destrucción de la división española le hubiera reportado más problemas que ventajas. Otro asunto que enfurecía a los españoles era el trato, casi criminal, que recibían los civiles, sepecialmente polacos, judíos y rusos. La orden que fue desobedecida con mayor frecuencia fue la que prohibía confraternizar con los judíos.
Pese a todo, la Wehrmacht era muy bien considerada, por su titánica lucha contra el comunismo, aunque eran conscientes de que no era la tremenda máquina de guerra que decía la propaganda.

el destino de los prisioneros de la Azul y el retorno de la misma a España.

Entre 1941 y 1945 el ejército rojo capturó a 464 soldados españoles. Teniendo en cuenta que pasaron 45.000 hombres por la División Azul, podemos concluír que los españoles no eran dados a dejarse capturar vivos. De este total, 70 eran desertores que querían pasarse a los soviéticos. Como podemos ver, la deserción fue un fenómenos raro en la unidad.

Las duras condiciones de vida en el frente ruso y la intensa propaganda soviética hizo que un puñado de voluntarios desertaran, cometiendo el peor error de sus vidas, pues los rusos los mantuvieron en cautividad hasta 1954, como la mayoría de los otros prisioneros, y, en algunos pocos casos, hasta 1956. Como Franco nunca reconoció diplomáticamente a la URSS, Stalin nunca dio a estos cautivos el status de prisioneros de guerra, por lo que no recibieron cartas de sus famílias y tuvieron que esperar a la muerte de Stalin para volver a España. En este cautiverio murieron 130 españoles.

El retorno.
El primer batallón que regresó a España en 1942 recibió una bienvenida masiva, similar a la despedida que se le dio en 1941. Pero cuando el último batallón de la Legión Azul regresó en 1944, nadie se acordaba de ellos. El curso de la guerra había cambiado para siempre la opinión sobre la guerra y la azul. Los divisionarios pasaron de ser considerados como héroes a ser vistos como un engorro.

La derrota nazi hizo que que Franco se esforzara en ocultar a la Azul, ya que preveía que su supervivencia iba a estar en peligro. Por ello se dedicó a aplacar como pudo a Gran Bretaña y a EEUU. Uno de los caídos en desgracia fue Serrano Suñer, que, que, al publicar sus memorias sobre la Segunda Guerra Mundial, se olvidó de mencionar a la división, a pesar de haber sido su máximo impulsor. La réplica de los indignados divisionarios fue publicar sus libros sobre sus vivencias en Rusia.

La Guerra Fría hizo que España fuera "readmitada" en el mundo occidental, como confirman los acuerdos con EEUU y las visitas a España de Eisenhower, presidente de EEUU, y de De Gaulle, presidente de Francia, que no dudaron en abrazar a Franco.

Un hecho poco conocido es que Franco, al darse la rebelión húngara de 1956, pensó que EEUU lideraría una nueva cruzada anti-comunista y ofreció crear otra "división azul". Por unos pocos meses brotaron libros, artículos periodísticos e incluso películas sobre la División. Pero poco tardó el regimen franquista en descubrir que la Azul era un desagradable recuerdo que rememoraba la colaboración de España junto al Tercer Reich. Otra vez la Azul fue enviada a las sombras.

La difusión de los crímenes nazis puso en peor situaciíon a los veteranos de la Azul, pese a que ellos no tuvieron que ver con tales actitudes. Era el precio a pagar por todos aquellos que alguna vez vistieron el uniforme alemán.

La derrota del Eje acabó con las posibilidades de la revolución falangista. Los más ardientes llegaron a criticar a Franco por no realizar una política de justicia social o modernizar completamente España. Algunos llegaron a romper con Franco y Falange y se pasaron a la oposición. Pero, con los rusos en el Elba y en China, la amenaza comunista persuadió a muchos de seguir fieles al régimen. Pero para todos haber servido en la Azul fue motivo de orgullo, y siguieron luciendo sus medallas y distintivos divisionarios.

A partir de 1954 se comenzaron a formar asociaciones de veteranos de la Azul, que no recibieron apoyo del gobierno, por motivos obvios.

Hoy en día la división Azul es considerada como el último capítulo de la guerra civil española. Para unos es una muestra más del fanatismo fascista, para otros es un elogio al valor y al sacrificio por la patria.
Oberkommando der Wehrmacht
Waffen-SS
el reichsfuhrer-ss

lunes, 1 de octubre de 2018

EUROPA, COMUNIDAD EN LA LUCHA POR LA EXISTENCIA

Signal 1942
Dr. Hans Baehr

Hace siglos que los pueblos europeos se sienten unidos, formando una comunidad cultural que halla su más alta expresión en el respeto y admiración de que gozan en todo el Continente los maestros del pensamiento, la pintura y la música. Frecuentemente supieron complementarse y, por cima del tiempo y el espacio, unieron sus manos en fructífera alianza. La filosofía griega, la pintura española, el renacimiento italiano, las matemáticas francesas y el clasicismo alemán, se admiran en toda Europa como frutos de un mismo árbol y consecuencia de premisas comunes. Hoy en día una voluntad todopoderosa ha planteado a esta comunidad el problema de serlo en la lucha o sucumbir, de combatir unidos o perecer separados. Nosotros, los jóvenes, nos encontramos ante la tarea histórica de hacer surgir de las diferencias sobre el ser o no ser de Europa una comunidad firme de vida en el futuro europeo. Nuestro eterno destino nos ha colocado ante un acontecimiento de mayor importancia para la historia de Europa que cualquier otro, desde la aparición del Cristianismo en el mundo. Todos nosotros, como realizadores de tan magno proceso, debemos obtener enseñanzas con la asimilación intelectual de los elementos que le informan, reconociendo las normas primordiales que rigen este notabilísimo fenómeno histórico de la edad contemporánea.
Si defendemos nuestros pensamientos en las leyes que dirigen lo más recóndito de los acontecimientos y actúan en la base creadora del nuevo orden de comunidad europea, podremos resumirlos en dos conceptos. Primero: La fuerza más potente en la vida de los pueblos es el afán de conservación y multiplicación. Segundo: El único medio que hace posible el desarrollo de este afán es la lucha por la existencia que anima todo el conjunto de seres vivientes.
El hombre no puede alterar estas leyes eternas de la naturaleza: ninguna ideología ni combate alguno las conmueve. Determinan la batalla por la vida de individuos y pueblos y, sobre ellos, de la naturaleza entera, cuya unidad viva demostrara claramente en los últimos años Erst Krieck, el gran filósofo alemán.
En particular:
1. Toda planta y todo animal obedecen al instinto superior de conservación y multiplicación y solo pueden vivir como "fenómeno luchador". La tierra en que arraigan las plantas no contiene sino una cantidad limitada y determinada de sustancias alimenticias para el mundo vegetal. Sin embargo, las plantas que quieren vivir y desarrollarse son innumerables. Algunas logran asegurarse la cantidad suficiente de materias nutritivas, otras no. Unas florecen, mientras las demás sucumben. Incluso las más fuertes logran su desarrollo merced al hidrógeno que el proceso de descomposición de las plantas muertas ha ido acumulando en el terreno. La vida, incluso en el mundo vegetal, surge eternamente de la lucha y la muerte. Igual norma domina en la esfera animal; todo ser viviente lucha y el hombre, ser viviente también, se encuentra sometido a las mismas leyes implacables.
Únicamente por la constante lucha ha podido engrandecerse la humanidad. También en ella la decisión depende de estas normas condicionadas por la naturaleza que, probando
continuamente su valor, apoya, llevándole a la victoria, el derecho más natural del mundo; el derecho a decidir por las armas su destino que, según creemos firmemente, es siempre, desde el punto de vista histórico y universal, el derecho del verdaderamente capaz, el que hace triunfar al más fuerte y al más valiente: al elegido. Por consecuencia tajante, la historia ha derrotado siempre al físicamente débil y, gracias a Dios, al intelectualmente degenerado.
2. EÍ individuo, el ser, no combate nunca aislado en esta lucha de la naturaleza, sino que siempre busca la asociación, constituyendo familias, grupos animales o vegetales y comunidades humanas. El individuo a solas aparece en esta lucha como representante de un grupo y no como fenómeno autónomo. Esta realidad separa de nuestro conocimiento de la lucha por la existencia toda ideología anterior sobre el combate por el propio destino. La ideología liberal e individualista no corresponde a la realidad. En todo el campo que la investigación inductiva ha podido alcanzar, aún en épocas prehistóricas, no puede hallarse al individuo aislado. En las edades más antiguas llega a encontrársele incluso en tumbas comunes. Los mismos impulsos naturales de conservación y multiplicación no pueden desarrollarse más allá de una generación si no es junto a otro ser. Bajo esta base nos encontramos, firmes y seguros, en el polo opuesto del liberalismo y de la autarquía individual por él proclamada. Al reconocer que el instinto de conservación de los seres no puede encontrar realización victoriosa si no es en común, nos hallamos ante un concepto que pasa hoy día, por primera vez, a ser piedra básica del pensamiento europeo: el concepto de la unión en la lucha por la existencia.
3. La magnitud cuantitativa de las unidades de lucha por la existencia que la dirigen puede ser muy diferente, A menudo, en la esfera humana sobre todo, se observa una expansión, producida por la agrupación de grandes unidades. Norma y guía de ello parece ser la conveniencia, en el sentido de una mayor eficacia para el desenvolvimiento de la lucha citada. El problema de si este motivo es consciente o inconsciente carece de importancia al fin de nuestra exposición.
Por mucho que cambie la magnitud de dichas unidades, las normas que condicionan a) su fuerza y b) su estructura, siguen inmutables.
a) Como la fuerza física, la fuerza de los seres vivientes solo puede alcanzar el máximo efecto externo en estas unidades de lucha por concentración interna, mientras que la división en corrientes centrífugas, diversas y aisladas, no produce sino debilidad. Históricamente considerada, la unificación y agrupación de fuerzas en una unidad de lucha por la existencia forma la base de su poderío, mientras que la dispersión de las mismas puede considerarse como su derrumbamiento. La unidad de lucha por la existencia se rige por la siguiente ley absoluta: la concentración interna produce energía exterior y viceversa.
b) Esta concentración debe entenderse en el fondo como una unidad directriz de las fuerzas del deseo y la voluntad que se desarrollan en el afán de asegurar la propia conservación, proyectándose en el exterior y llegando a ciertas formas determinadas. Sin embargo aún en la unidad animal, no se puede hablar de uniformidad absoluta de las diferentes partes, ni de un fenómeno de unidad análogo al principio estructural de los elementos químicos, La unidad animal se compone de los seres más distintos y diversos y, no obstante, la norma estructural de tales unidades rige también; fuerzas diferentes se encuentran constituyendo acción unitaria en una sola dirección.
4. La diversidad de los elementos unitarios no se refiere solo a la disposición de estos, sino también a su valor, en el que, como medida a emplear para nuestra exposición, no debe considerarse más que la diferente capacidad del ser aislado en la lucha común por la existencia. Toda la naturaleza se halla construida sobre este fundamental principio aristocrático.
5. Otra realidad decisiva más; en semejante unidad de lucha las partes dependen, para su existencia, de la vida de la comunidad y, además, en general, de factores determinados que participan en la fuerza total que aumenta o decae.
El bien de la comunidad es el bien del individuo: lo que es malo para ella lo es también para aquel.
6. La unidad de lucha por la existencia debe reconocerse como tal, mejor desde su exterior que desde su interior. En sus límites es donde, por percibir fuerzas enemigas lanzadas contra él, se despierta mejor su conciencia unitaria.
7. El hombre es el único ser viviente que goza del fuego robado por Prometeo. Sólo él, con libre albedrío y poder de creación, tiene posibilidad de hacer a historia y desarrollar una unidad exclusivamente propia, distinta de la animal o la vegetal; la unidad de lucha que surge de la Historia y de las fuerzas, creadoras llevadas a cabo de a un modo común.
En esta unidad trasladada por el hombre a la comunidad, surgen, desde el punto de vista natural, las mismas normas que en las otras unidades de seres vivos. Sin embargo, en la comunidad humana, llegan, por la capacidad histórica creadora, a una forma fija incomparable y que no existe fuera de lo humano.
¿Qué significan estas siete realidades fundamentales de los procesos animal, vegetal, y, sobre todo, humano, para la unidad de Europa?.
Puede darse inmediatamente, en una sola frase, respuesta concreta a esta pregunta: ¡Europa es una unidad de lucha por la existencia y, por tanto, una comunidad luchadora!.
La Historia europea, sin embargo, es la del juego libre de fuerzas que combaten por una formación definitiva de su ser, que alumbra hoy su nacimiento. Por primera vez en sus tres mil años de historia ha llegado Europa, como realidad, a la esfera consciente. Tras nosotros vemos estos tres milenios, repentinamente, como una acción unitaria en sus rasgos generales, es decir, europea. Los genios de la política, los héroes incomparables de la guerra y las mentes sublimes de la cultura, del arte y de la ciencia, que han dirigido nuestros pueblas, desde la primera olimpiada griega a nuestro presente, desde la batalla de Maratón hasta los combates en el actual frente del Este, fueron fuerzas de un proceso histórico único y, a pesar de su diversidad, son todas piezas comunes del juego europeo.
Semejantes realidades en el acontecer humano necesitan largas épocas para madurar y ser descubiertas. Así como el hombre no conoció la relación que existía entre fecundación y nacimiento más que en el transcurso de un desarrollo amplísimo, considerando el tiempo, o, para citar otro ejemplo, sólo se desplegó lentamente ante sus ojos el valor y el ser de los caracteres nacionales de los pueblos, así también la comunidad de lucha europea sólo pudo descubrirse poco a poco, en el lento discurrir de los siglos.
Platón habló ya de Europa; después de él muchos otros observadores descubrieron la corriente básica europea entre el oleaje de los pueblos. En los momentos de peligro, ellos mismos se aprestaron para la defensa común, separándose terminada la amenaza y volviendo a luchar unos contra otros.
Europa, como comunidad de lucha se extiende hoy por el espacio continental que habitamos los europeos. Como todos sabemos, no siempre fue así.
Cuando Grecia, la magnífica, cargaba a sola todavía el peso de Europa sobre sus hombros olímpicos y aseguraba el templo de la diosa de modo inolvidable en Maratón, las Termopilas, Salamina y Eurymedón, el espacio donde se luchaba era, comparado con el actual, tan limitado como el número de defensores del ser europeo, en relación con su proporción presente. La antigua Roma, que más tarde tomó en sus manos la antorcha europea, formaba ya masas mucho mayores. La mirada de Escipión. César y Augusto abarcaba dimensiones incomparablemente más grandes que la de Milcíades, Temistocles. Leónidas y Cimón. El encuentro de la política romana y el ansia germana hizo crecer a Europa. Todas las etapas de este desarrollo, empero, así como su curso ulterior, se deben al afán instintivo de las generaciones contemporáneas de crear entre las fuerzas espaciales y biológicas europeas esa relación que parece apropiada para asegurar a todos la realización de la lucha. Esta relación fue Hellas en la antigüedad y hoy comprende el Continente estero al que, con derecho sagrado, podemos llamar nuestro, después de haberlo conquistado en cruenta lucha, empuñando la espada y la mancera.
La Europa de la antigüedad griega y, más tarde, romana, fue ya una comunidad de lucha. Sin embargo, a pesar de los mejores momentos, su unidad decayó ante unidades enemigas menores, acontecimiento tan necesario como fatal para el desarrollo positivo de los elementos nacionales.
Por vez primera se ha alcanzado hoy día el grado de concentración consciente. Tenemos el deber de obtener consecuencias de este conocimiento de la unidad de Europa, terminando de una vez para siempre la serie pasada de guerras civiles y pasando a la formación de un ser común con un común futuro. Ello no quiere decir que se dé principio a una era de pacifismo en Europa. La voluntad guerrera de los europeos, empero, no se gastará inútilmente en diferencias internas, sino que se aplicará a fines comunes y, ante todo, a batallar por la reconstrucción de las obras de paz, la normalización de la economía. La elevación de las artes, los depones y otras ocupaciones con un campo de acción positivo e infinito.
Para todos los que, como hombres de la comunidad de lucha europea de este Continente, hemos sido llamados por la Historia para realizar esta tarea, será de muy grande importancia el que, apartándonos de todo fenómeno secundario, nos sometamos a aquellas normas que se
expusieron anteriormente como determinantes de todo el acontecer de la vida, y consigamos, con todo el poder de la naturaleza, el logro de nuestros esfuerzos. De ello se deduce:
1. Los pueblos europeos llevarán en comunidad su lucha por la existencia, ganándola o perdiéndola juntos. Nadie puede dudarlo; la misma inteligencia de Zürich no consigue eliminar este hecho. Tanto el desarrollo anterior de las proporciones europeas, como el acontecer mundial que se realiza hasta en el mundo planetario, han llevado a Europa a ese estado de madurez en que se obtienen todas las consecuencias de tal concentración, sin la que una unidad de lucha no es capaz de llegar a un éxito, sino que sucumba, víctima de la división y la debilidad. Finlandia ha dado un ejemplo verdaderamente heroico de ello. Mas a pesar de su inmenso heroísmo y su tenaz resistencia se hubiera visto perdida si toda Europa no hubiese aceptado la lucha contra el enemigo común, salvándola de este modo.
Los pueblos de nuestro Continente forman hoy una comunidad de lucha por la existencia en el sentido más elevado de la frase. El premio de nuestra conjunta labor será que Europa, tras el fin victorioso de esta guerra, no vuelva a desunirse, sino que se afirme cada vez más en su unidad, por el fructífero intercambio de energías vitales en todos los aspectos. Nuestros pueblos gozarán del bienestar que produzca esta unidad. Si fracasamos en la empresa, la Historia nos aplastará, en virtud de sus leyes naturales, con la violencia con que elimina lo débil en toda lucha y toda época.
2. La comunidad de lucha europea obtiene su ser de dos polos: su unidad y sus partes. No es un sistema de partes aisladas uniformes, sino un sistema de centros y modos propios, nacionales, que se encuentran en acción común dentro del orden europeo. El florecimiento de la totalidad europea sólo puede imaginarse con el desarrollo de las partes nacionales, es decir, los pueblos de nuestro Continente. La exposición más bella de la grandeza interior del ser europeo podemos mirarla en su gaya riqueza, de valores culturales ante todo.
A pesar de ello el segundo polo, o sea la existencia del todo, la existencia de Europa, no es menos decisivo.
La idea europea de comunidad nace de la tensión entre ambos polos.
3. En relación con la lucha conjunta de la comunidad europea hacemos actuar, en el cumplimiento de las normas culturales, una posición fundamental frente a todos los fenómenos europeos. Aquellas fuerzas que se afanan por una unificación y, con ello, soportan y aumentan la potencia europea total, hemos de evaluarlas positivamente. Todas las corrientes que se dirigen hacia la división y, en consecuencia, hacia la derrota en todo afán común, han de considerarse negativas. Para Europa también, la base de su existencia reside en la unificación. Aunque todos los europeos, ante el frente del Este y el monstruo rojo de Moscú, comprendan mejor la ley citada del desarrollo de las fuerzas de las unidades de lucha, en su aplicación a nuestro presente europeo, solo una concentración interna podrá producir siempre fuerza exterior.
4. La diversidad humana, surgida del fundamento aristocrático de la naturaleza, que el conocido pensador español Castro-Rial asentó con éxito en el ideario falangista, hablando de jerarquía, es una generalidad común a todos los pueblos. Esta provoca una desigualdad de las reacciones humanas en el conocimiento de la unidad europea u otra idea cualesquiera. Pueden distinguirse tres grupos.
a) Los que comprenden y representan este conocimiento con toda claridad.
b) Los que se oponen a esta idea.
c) Las masas populares, cuya posición queda determinada por elementos directivos.
5. Hemos señalado anteriormente que el hombre, a diferencia de los demás seres vivientes, dispone del libre albedrio y de la capacidad creadora, llegando por ellos a una forma propia particular de la unidad de lucha por la existencia: a la comunidad. El libre albedrio permite la formación y educación de la voluntad de los pueblos y la capacidad creadora es condición previa para que los hombres competentes puedan dirigir a la masa por el camino recto, dando a la voluntad de millones de seres el curso más conveniente, por ser el más natural, para la realización Victoriosa de la lucha común.
El afán de formación de los representantes de la unidad europea tiene, en cada uno de sus pueblos, una enorme tarea. Es la educación de Europa y los espíritus en el sentido de un reconocimiento de la comunidad de la citada lucha por todos los europeos.
6. Sabemos que algunos círculos sociales carentes de entusiasmo permanecen ante la idea europea tan indiferentes como ante cualquier otra gran misión. Sin embargo, las señales de la unificación europea se remarcan en las fuerzas instintivas que aparecen, seguras del presente.
 
Europa escoge las que, por su constitución, forman los mejores apoyos de su unidad. Tal es el constante proceso de selección de la naturaleza.
7. Llegará la hora en que la comunidad de lucha por la existencia europea sea reconocida de un modo tan general en los derechos y deberes como los dogmas de una religión durante su época de mayor apogeo. Hoy, en los momentos de su ascenso revolucionario hasta la grandeza, se muestran en la lucha las fuerzas que, llevándole en lo más intimo de su ser, están destinadas por ello a actuar como directoras europeas. De ellas surgirán los hombres que, junto al amor por su propio pueblo, cuiden y representen todo lo que informa y contiene una comunidad europea. Esta selección de Europa no está constituida por naturalezas difusas y nacionalmente limitadas, sino por nacionalistas apasionados que, pensando en su pueblo, se han decidido a favor de Europa. La guerra es también aquí, una dura prueba natural que se debe pasar desde el comienzo del ser común europeo en paz, aplicando las medidas más rigurosas. Con ello no quedan iniciadas más que de un modo general las líneas que existen entre las leyes de la vida de los pueblos, condicionadas por la naturaleza, y la unificación europea.
En la guerra mundial hubo normas a las que se sintieron sujetos ambos adversarios. En la lucha contra el bolchevismo no se da el mismo caso. Rusia es en ella, exclusivamente, la fuerza bruta y descarnada, sin sentamiento alguno de misericordia, a la que no se puede eludir. Este fenómeno que hemos vivido tan intensamente desde el 22 de junio de 1941, nos ha llevado, en el pensamiento y la acción, con la violenta fuerza de la realidad, hacia las grandes leyes naturales y eternas.
¡Quiera el futuro no permitir jamás que esta doctrina vuelva a caer en olvido, para que las generaciones venideras tengan siempre en cuenta lo que su mismo destino les expuso: que, en última instancia, deciden en la lucha por la existencia de la naturaleza en general, e igualmente en el batallar diario de la humanidad, la dureza y la fuerza exclusivamente! Ante todo el europeo no debe pasar por alto en su propia conciencia, por mucha sabiduría que adquiera, el carácter dominante de estas potencias naturales. Para ello precisamente rigen aún, fuertes y vivas, las palabras de Nietzsche: ¡Alabadlo sea lo que fue hecho con dureza!.
Los representantes de la lucha europea quedan todavía más obligados a elevar en todo lo posible semejantes virtudes, si consideramos que en esta época aumentan asimismo las decisiones universales de mayor trascendencia.
Ante tarea análoga a la nuestra se encuentra el Japón en su batalla por la comunidad de lucha asiática. Alrededor de estas dos comunidades del pacto tripartito se cristaliza ante nuestros ojos un mundo nuevo.
En cientos de milenios se ha ido elevando el hombre, con su lucha eterna, sobre los animales. La creación de los utensilios más rudimentarios y el dominio del fuego al servicio de la lucha por su existencia le costaron largo tiempo. Hasta el comienzo de la era moderna no disponía de más medios auxiliares que el aprovechamiento técnico, en su ambiente, de los animales y las plantas. Solo hace relativamente poco tiempo logró adueñarse de las energías del petróleo y el carbón y utilizar las potentes fuerzas naturales del vapor y de la electricidad. El hombre ha tomado ahora, en el verdadero sentido, posesión de la tierra, provocando un cambio revolucionario en todos los conceptos del tiempo y el espacio. Dada la ineludible necesidad de materias primas y, con ello, de las fuentes de estas nuevas energías, encontró en el afán de conservación de los pueblos jóvenes los mejores y más extraordinarios impulsos.
Así nos hallamos nosotros, europeos de hoy, viviendo un mundo lleno de cambios y revoluciones, en el que los derrumbamientos de los viejos conceptos y el nacimiento de los nuevos tienen lugar según una escala nunca conocida, y el espíritu de esta humanidad que alienta los impulsos de Prometeo se desarrolla técnicamente en proporciones ignoradas hasta ahora.
En medio de esta trasformación pretendemos construir, con nuestra consciencia del saber y la fe en nuestra propia fuerza, una comunidad europea en el marco de las eternas e inmutables leyes. Debe comprender a todos los pueblos europeos que han despertado, proteger su existencia, elevar el nivel de vida de millones de seres y, uniendo las fuerzas y capacidades de todos, dar frutos que solo puede producir un rendimiento europeo total.
Sobre esta base común de nuestra vida europea, debe alcanzarse la luz que alumbra toda nueva actividad creadora. Por encima de las luchas y las disputas de nuestro destino, ha de curar, como poder más noble, todas las heridas y aclaramos todo fin. Esa lux que será nuestro arte europeo.
Por todo ello nos aprestamos a formar una familia de pueblos en comunidad perenne, para que la lucha por la existencia de todos los europeos se desarrolle con el mayor éxito, no ya con el fin de
perpetuarse y multiplicarse, sino, ante todo, con el de cumplir con grandeza y gloria su más alta misión cultural en este mundo.


 ramon bau