miércoles, 9 de enero de 2019

LA NUEVA ECONOMÍA

                    
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PRECIO ESTABLE: "El trabajador tiene que saber, y lo sabe, que por su jornal recibirá los artículos que necesita para el sustento de sus energías corporales y espirituales. El Estado Nacional-Socialista ha acabado con la teoría de la ley capital de 'la Independencia de la Economía', colocando a la Economía al servicio del Pueblo y del Estado." 

 

¿A qué se ha de atribuir, pues, el aumento de los precios? ¿Por qué ha podido Alemania mantener sus precios a un nivel fijo, en tanto que otros países no lo consiguieron? En toda Economía nacional son necesaria dos cosas: hombres que trabajen y mercancías que se elaboren. En las economías nacionales primitivas, los artículos producidos son cambiados los unos por los otros. Pero en las economías nacionales evolucionadas, interviene el dinero como medio de intercambio. Con dinero es pagado el trabajo: en forma de jornal; y el producto del trabajo: la mercancía. Más para que en un Pueblo exista un orden económico-social justo, es necesario un equilibrio entre el jornal y el precio, o sea el dinero que se tiene que dedicar a la adquisición de las mercancías necesarias. 

Es preciso que el productor saque su utilidad de la mercancía y que el consumidor pueda cubrir sus necesidades con productos a precios razonables. La relación entre el jornal y el precio varía según el nivel cultural y el desarrollo económico de cada Pueblo. Sin embargo, en todas las economías nacionales, lo principal es que la población trabajadora se pueda alimentar, vestir y cubrir sus demás necesidades a precios moderados, con su jornal. El precio mismo que se ha de pagar por una mercancía, depende de muchos factores. Por lo regular se forma en la llamada Economía libre por la oferta y la demanda. Pero los gastos necesarios para la confección de una mercancía tienen la misma importancia que la extensión y magnitud de la demanda.

En la Economía Liberal y Plutocrática, cada cual procura sacar para sí las mayores ventajas posibles en este juego de oferta y demanda. Cada cual vende sus mercancías y servicios lo más caro posible. Dentro de la Economía de hoy, la población trabajadora se encuentra a menudo en desventaja y muchas veces su jornal no le permite pagar los precios que se exigen por los más importantes artículos de consumo. Las consecuencias son las luchas de jornales, huelgas y paros. Todos estos síntomas son desconocidos en la Alemania de hoy.

La Política Alemana de Precios parte de la significación social de los precios. La política de precios ha de asegurar a todo ciudadano una participación equitativa en el producto de la Economía. Cada cual debe recibir a precios justos desde el punto de vista económico nacional los artículos a cuya producción él ha contribuido. Pero la política alemana de precios persigue, ante todo, que los precios sean mantenidos a una altura en consonancia con las condiciones de los jornales y el movimiento de las mercancías. El trabajador alemán tiene que saber, y lo sabe, que por su jornal recibirá los artículos que necesita para el sustento de sus energías corporales y espirituales. De esta manera desaparece la ley de la oferta y la demanda. No es admitido el precio tal como resultaría de la competencia libre, sino que la oferta y la demanda son puestas en armonía con los precios sujetos a la vigilancia oficial. La política alemana de precios interviene así activamente en el desenvolvimiento orgánico de los procesos económicos. 

Que esto sea posible y haya sido coronado de éxito se debe al abandono total de la forma liberal de la Economía. Mientras que la Economía liberal exige la no intromisión del Estado en sus asuntos y reclama para sí la primacía de la dirección de la Economía frente al Estado, el Estado nacionalsocialista se encarga de la dirección de la Economía. No es imaginable en absoluto que la Economía pudiera emprender en Alemania algo contrario a las disposiciones del Estado. Más una Economía dirigida por el Estado no significa que el Estado coloque una empresa fiscal al lado de la otra. Al contrario, se mantienen la iniciativa libre y también una competencia sana. Pero el Estado dirige esta iniciativa por vías apropiadas a sus fines políticos. Con ello reglamenta a la Economía sobre la base de su finalidad principal y la obliga a servir al bien de todo el Pueblo. 

El Estado sólo es el encargado de la dirección central. Sabe cómo ha de poner a contribución en forma conveniente las fuerzas económicas y con su influencia evita la división de estas fuerzas, que ocasionaría el desperdicio de un valioso capital nacional. El Estado Nacional-Socialista ha acabado con la teoría de la ley capital de la "Independencia de la Economía", colocando a la Economía al servicio del Pueblo y del Estado.

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