martes, 15 de enero de 2019

Semanario Libertad

Primer número

El día 18 de junio de 1931 sale a las calles de Valladolid el primer
número del nuevo semanario Libertad, fundado por Onésimo Redondo, de
lucha social, juvenil y portavoz de la Revolución Hispánica. Su nombre
es monosílabo, escueto, agresivo y contundente: Libertad. Las letras
de la cabecera son de estilo gótico rasgado.

El ejemplar causa estrañeza y equívoco. El título del semanario se
asocia con los partidos de corte izquierdista, pero su contenido es de
una rabiosa actualidad, nada ditirámbico. Su línea editorial, desde el
primer número, antiburguesa y de cariz nacional-revolucion ario y
social, provoca desconcierto. Es un lenguaje nuevo, directo, sin
tapujos ni perifrasis. Sus frases y consignas son dardos que apuntan
al centro de una juventud inquieta que se siente artífice de la nueva
historia. El nombre del semanario lo adoptó personalmentge Onésimo
porque consideraba que, la primesa misión a realizar, era la de
arrebatar e inutilizar los nombres típicos tópicos de la izquierda.
Quería dar a entender que si alguien pugnaba por la "libertad" eran
las juventudes hispánicas, no comprometidas con credos marxistas ni
con postulados sectarios.

Comenzaba ya por la reconquista de un léxico que se creía perdido
inexorablemente. La dialéctica que se impone, desde el primer número,
sería la que se convierte, mas adelante, en familiar y propia de las
juventudes nacionales y del movimiento político que, en los años
siguientes, se irian anudando. Ya desde el principio se emplea la
palabra "camarada" para designar al compañero de fatigas, al esforzado
militante por la salvación de España de la tiranía y el desorden.
Onésimo Redondo la emplea con soltura y acierto en un pequeño suelto:

"Fiemos mucho, CAMARADAS, del valor cierto de las masas campesinas en
Castilla es axiomático que ningún hombre merece más ni puede mas que
cada uno, desde el momento en que la lucha surge. La minoría de
provocadores, será por tanto la que nos dé el triunfo, porque a
continuación del reto brota en todos los labriegos el amor propio que
les pone en actividad y desde ese momento son indomables. Sin
contradicción no hay vida. Para nosotros, la pugna es la victoria"

Victor Fragoso del Toro, cronista de aquellos episodios, nos relata en
estos términos la salida de la nueva y combativa publicación: "En la
tarde del 13 de junio de 1931, la gente que, como de costumbre paseaba
por la calle Santiago de Valladolid, se vió sorprendida por el grito
de los vendedores de periódicos: "¡Libertad!". "¡Ha salido Libertad!".
"¡Lean Libertad!". El título de este nuevo semanario hizo que todos
creyeran que se trataba de un periódico más del nuevo régimen, pero su
lectura desconcertó a las gentes. No se trataba de un periódico
liberal, pero tampoco era reccionario" .

Su postura es beligerante, y ataca abiertamente, valientemente, al
régimen republicano- marxista recién inaugurado en España, a partir del
14 de abril. Es Libertad la antesala escrita, el manifiesto riguroso,
el compendio de las ideas vertidas en tinta impresa, la tribuna y el
pregonero periodistico que posteriormente aglutinaría a los más
audaces de la nueva organización politica, que va a acaudillar Redondo.

El semanario salió a la calle, más por la ilusión de Onésimo y un
puñado de muchachos jóvenes que le secundaban, que por la precaria
economía y la penuria de medios en que estaban sumidos aquellos
soñadores. El dinero para sacar el primer número lo proporcionó la
madre de unos amigos del director-fundador. Cada ejemplar era un
quebranto.

Escribían en Libertad, entre otros, Narciso García Sanchez, Víctor
Gomez Ayllon, Mariano Tobalina, Tomás Cerro, Emilio Gutierez Palma,
"Paco Balón", Antonio M. Valentín, Javier Martinez de Bedoya, Jesús y
Francisco Ercilla, "Ito", Carlos Soto. Colaboraron también, en los
primeros números, Luciano de la Calzada y Mariano Sebastián Herrador,
amigos personales ambos de Onésimo y vinculados al grupo católico de
Acción Nacional.

Onésimo tenía una pluma ágil y certera. Las ideas le brotaban. A veces
escribía a vuelapluma, en el dorso de papeles impresos, en folios
reciclados, en cuartillas de diversos tamaños y procedencias o,
incluso, redactaba entrefiletes sobre la marcha en la propia plancha,
para cubrir huecos, rellenar espacios o agotar blancos. No habia
tregua para el respiro. La fatiga le parecía enervar, en lugar de
producir desfallecimiento.

Se imprimió en los Talleres Gráficos de Afrodisio Aguado de Valladolid
y la tirada era, aproximadamente, de cinco mil ejemplares que se
distribuían y vendían durante la semana. Su día de salida era el
lunes, siendo vespertino. A veces se producen colisiones y escaramuzas
entre los vendedores y sus antagonistas, rifirrafes que se saldaban
siempre con sanciones y represalias contra los que proclamaban y
divulgaban Libertad. La censura era severa, las suspensiones
frecuentes, las multas gubernativas gravosas.

Número dos
El número 2 se abre, en su primera página, con la inserción de
invocaciones que mas tarde se adoptarian como los gritos de Ritual de
la Revolución Nacional, entre ellos los de ¡España Grande! y ¡España
Libre!. Tambien aparecen las consignas vitales del movimiento, como
son la exaltación de la violencia, el desprecio por la política
electoral o la exigencia de la revolución. Hay una proclama que va
dirigida la la juventud y que dice asi:

¡A LOS JOVENES! En esta hora la actuación corresponde a los jóvenes
por derecho propio, ya que la política de hoy es, ante todo, una
milicia cívica. Al ataque violento hay que responder con serenidad y
valentía. Ningún hombre menor de cuarenta años puede permanecer con
dignidad en la penunbra, ni dar a la política menos de lo que la
defensa ardiente de las propias convicciones exija, aun la vida.
"Libertad" es de jóvenes y a los jóvenes se consagra preferentemente.
No nos importa contar o no con una mayoría borreguil junto a las urnas
y repudiamos el concurso de las multitudes embriagadas de desorden por
las calles: DISCIPLINA Y AUDACIA es nuestro lema. Las naciones
pertenecen siempre a las minorías con fe y organización. Dándolo todo
al ideal antes de comenzar, a nada tememos. ¡¡Por España Grande, por
España verdaderamente libre, a la lucha!!.

Onésimo apenas había cumplido los veintiseis años y supo predicar con
el ejemplo. Lo dejo todo, lo sacrificó todo: hogar, familia,
profesión, por imperativo de su fe ancha en la visión de una España
alta y un Estado Nacional-sindicalis ta, tal y como lo propugnaba en
sus escritos, en sus artículos, en sus conferencias, en su peregrinar
sin sueño por los pueblos castellanos. Como escritor, su prosa era
clara, sencilla, lacónica. Sus argumentos contundentes e irrefutables,
consecuencia de su clara visión política.

Unidad de la Patria
Libertad salía a la calle rompiendo lo viejo, inservible y caduco del
declinar social. Soltaba el lastre. Entroncaba con la unidad
inquebrantable de la Patria. Libertad es desde entonces el grito
juvenil, limpio y potente, lleno de protestas y pleno de emoción
española. Libertad es un pasquín de lucha y, ya desde su primer
número, define el camino del ideario: "traemos a la vida social y
política, frente al viejo y estúpido concepto de libertad, que ha sido
poder hacer todo y no saber hacer nada, un concepto brutalmente rigido
de la jerarquía y un sentido reverencial y sobrehumano de la autoridad"

Decía el filósofo Adolfo Muñoz Alonso que, desde las páginas del
semanario, se "convocó a concilio hispánico, de trigo, fruta y luz, a
los hombres todos de España. Pudo decir cosas terribles sobre la
hipocresía de algunas actitudes políticamente religiosas y cosas
tremendas sobre esos tipos de levita y casino".

Propugna abiertamente, y sin disimulo, la insurrección y el
levantamiento contra el régimen. Las llamadas a la violencia son
frecuentes. Libertad es un periódico de lucha política. A pesar de
ello, su director, jamás llevó arma alguna consigo, ni se puede decir
que en su vida disparara un solo tiro, ni tampoco, personalmente,
incitó a nadie a que lo hiciera, aunque en su órgano de expresión
encontramos alusiones en este sentido.

Burguesía
Otro de los temas predilectos de análisis, por el juicio periodistico
que merece a Onésimo, es el tema de la burguesía capitalista contra la
que arremete por su caracter y su espiritu antinacional y egoista, una
de las lacras que atenazaba a España. En el número 4 de Libertad,
corespondiente al dia 4 de julio de 1931, aparece un artículo titulado
"La ineptitud burguesa" donde se dice:

"Uniendo en esto nuestra voz a la de los comunistas y
anarco-sindicalista s, no vacilamos en declararnos enemigos del orden
burgués, con sus vicios peculiares. Sólo que nosotros no necesitamos
para acreditar nuestra repulsa recurrir a las cobardes mentiras que el
materialismo revolucionario acumula sobre la sociedad burguesa, no por
ser burguesa, sino por ser cristiana. En el fondo de todo caudillo de
la revolución materialista, vendida al espiritu judío de Marx y Lenin,
lo que hay no es un liberador, sino un monstruo burgués".

Los ataques frontales a la burguesía son una constante. Un año mas
tarde, en marzo del año 1932, y en el número 42 del semanario, se
matiza definitivamente la posición en un artículo cuyo titular no
ofrece dudas: "La traición de los ricos", donde se escribe: "Busca el
burgués, alejado con el corazón y el bolsillo de la lucha, las
casuales peripecias de este pidiendo en una oración barata y de poco
riesgo a Nuestro Señor que algún Lerroux convertido, algún general
"con agallas" o aunque sea un Gil Robles a fuerza de oratoria, nos
traiga el cambio que no puede menos que ocurrir por la burguesísima y
mentecata razón de que "siempre que ha llovido ha escampado".

También, desde los primeros números de Libertad, son frecuentes los
artículos de Redondo con alusiones y ataques a la prensa republicana.
El titulado "El imperio de la calumnia", apareció en el numero 2 y
entre otras cosas se lee: "...una invasión de papel impreso,
organizada, sin duda, por los enemigos de la sociedad hispana, se
ocupa, cada día con mayor ardor, en corromper las bases de nuestra
subsistencia racial; las publicaciones de tipo judío se reparten la
tarea dividiéndola en dos actividades: Una tiende a encender la guerra
civil con sus campañas de odio político extremado. La otra quiere
destruir a la juventud haciéndola víctima del opio pornográfico" .

Desde su número uno, Libertad saluda a un colega de la prensa que
salía periódicamente ya en Madrid, dirigido por el joven
revolucionario Ramiro Ledesma Ramos, con el evocador nombre de La
Conquista del Estado, aunque le hace una matización importante: "nos
parece bien el ardor combativo y el anhelo hispánico de "La Conquista
del Estado". Pero echamos de menos la actividad antisemita que ese
movimiento precisa para ser eficaz y certero. No nos cansaremos de
repetírselo".

El punto más sensible de la publicación es el sentido social. Ya en el
número 2, correspondiente al 20 de junio, se publicaba un texto
antológico que marcaba claramenbte la tendencia emprendida: "La
revolución social" en el que Onésimo se declara entusiasta de la misma
y dice:

"Pedimos, pues, la revolución social para que todo hombre apto
encuentre trabajo dignamente remunerado y para que nadie se vea
privado de la posibilidad cierta de elevar su condición según sus
méritos y para que el campo -que es España- sacuda las cadenas de la
hegemonía burguesa. Pero si la revolución social es una necesidad y un
grito de justicia, hay que defender ese movimiento sano y juvenil de
las corrupciones traidoras que proceden de la democracia judaizante
superburguesa, como de las máquinas internacionales con sello
marxista, que descaracterizarí an la genuina revolución hispánica para
hacernos siervos de Moscú. Revolución social, enérgica, urgente, a
cargo de la juventud española, eso sí. Pero con todas estas condiciones:

1. Que no sirva para sustituir la hegemonía burguesa por la tiranía
de una clase o un Sindicato. Es un crimen de lesa patria agitar la
Nación para mudar de despotismo.
2. Que intervenga eficazmente el campo, porque sin la voz de la
agricultura todo movimiento colectivo es una agresión al verdadero pueblo.
3. Que presida esa obra de justicia social un superior anhelo
hispánico, una idea nacional de unidad, como garantía de que la gran
España sigue una ruta de encumbramiento y no es víctima de los
tenebrosos proyectos que las fuerzas ocultas internacionales incuban
para hundir a las naciones en la miseria consecuente a la lucha de
clases.

La redacción del periódico se reunía en la Plaza de Santa Ana, donde
habían alquilado unas habitaciones para la Administració n y que servía
también de lugar de encuentro y punto de reunión del nucleo de jóvenes
inquietos y aguerridos, con ansias de reconquista y de unidad, a
partir del epicentro de la Península y al grito de ¡Castilla salva a
España! abogando por "el momento histórico nos obliga a tomar las armas".

Como resalta el periodista Tomás Borrás, Onésimo es un polemista claro
como el agua y como el agua saludable, pero terrible si en furia, se
emplea en anunciar -es un San Juan Bautista de la España que llegará-
tres ideas cardinales: la unidad; la de salvación y nueva aristocracia
del labrador -señor, y el triunfo de las libertades cristianas,
humanas, de inalienable propiedad del hombre, frente a la sofística
"libertad", nunca respetada ni aplicada, libertad solo para ellos,
para los que preparan la dictadura del proletariado.

Para Jesus Vasallo, de la primera hora, que llegaría a ser Director de
Libertad, Onésimo dió supremas lecciones de periodismo, ya que era un
periodista nato, integro, un torrente desbordado, con fuego huracanado
en los ojos y un vigor intenso en la pluma. Poseía la capacidad de
síntesis que debe ser esencial al periodista. Repentizaba sobre
cualquier acontecimiento de su época con una ilusión, con una ironía,
con una claridad impresionantes. Su clarividencia intelectual, su
rigor ante los problemas que formaban el entramado de una España
escindida, injusta, sin libertad alguna, aunque de ella se hablase
mucho, le hacían ser tajante, firme y rotundo en sus editoriales, en
sus vibrantes polémicas.

Son tradicionales, antológicos, sus escuetos entrefilets, redactados
con pulso firme, sin una vacilación, sin corregirlos apenas. Onésimo
decia siempre lo que quería decir y sabia decirlo. Esto es lo mas
dificil de la proifesión. Por el vehículo de la claridad llegaba al
corazón de las gentes.

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